viernes, 9 de noviembre de 2018

Lepanto, la historia oculta - Jean Dumont (VIII)

Última entrada de esta serie que enlaza con las anteriores:

"Pero los lazos entre los berberiscos de Argel y los turcos se habían distendido, por lo que en París se hizo creer que Constantinopla seguía respetable. Particularmente en los países del Danubio, de donde no se filtraba ninguna información a la opinión pública francesa." La propaganda.

Y después un intento de cambio por parte de la monarquía francesa, al igual que ocurrió con el reinado de Enrique II y que acabo con la muerte trágica y temprana de éste. Ya en el siglo XVIII, Luis XV quiso dar un giro radical a la política francesa para intentar deshacerse de las relaciones que tanto daño estaban haciendo a Europa. Luis XV casa a su hijo, el futuro Luis XVI con la austriaca María Antoñeta y la cosa acabó en la guillotina jacobina, como es bien sabido.

"Primera relación con los enemigos de Jesucristo."

Según Dumont Francisco I crea un conflicto y trastorno considerables en los franceses que, "en la historia de Francia crean una nueva dirección que ya no se va a abandonar"

Dice, "Carlos VIII en 1495 justificaba todavía su conquista de Nápoles por el establecimiento de una base adelantada de la cruzada cristiana contra el Islam. Pues sabía que esta cruzada, más que Nápoles, era la que podía proporcionar la adhesión de los franceses. Y quince años antes de él, Luis XI había expresado perfectamente el sentir profundo de los franceses, opuesto absolutamente a la alianza con los turcos."

Y añade a continuación:

"No quiso permitir, [Luis XI] nos dice Moreti, que un embajador que el sultán Bayaceto le enviaba pasara más allá de Marsella, porque no creía que pudiera ser cristiano tener relaciones con los enemigos de Jesucristo"

"La misma 'relación con los enemigos de Jesucristo' que, por su alianza con los turcos, no iba a cesar hasta triunfar del todo en nuestra, por cierto, muy francesa Revolución"

En referencia al centralismo francés:

"Es la capital reverencia francesa hacia el Estado como nutricia exclusiva de los pensamientos y de los actos. Francia es así condenada a evoluciones recurrentes, o revoluciones, que se oponen al sentimiento de la mayoría y contra las que no se levanta más que una oposición muy minoritaria"

Así, los antecedentes desde los que se puede buscar una razón de ser de la Europa de hoy, o del sentido "auténtico" de Europa, pasan en gran medida por comprender las reacciones de sus reyes en el siglo XVI:

"La pregunta y el debate vienen ya desde el siglo XVI y siguen siendo, más o menos nuestro gran debate de hoy en día.
Dumont escribe a mediados de los años noventa del siglo XX, pero hoy día, veinte años después, está perfectamente vigente y con más vigencia si cabe.

"Enrique II, en 1559, respondió que no: el destino natural del Francia era la unión con la Europa de su alrededor, unión concretada por los matrimonios dinásticos. Pero Francisco I y después Carlos IX respondieron que sí: el destino natural de Francia era defenderse por todos los medios contra todo lo que le rodeaba, concebido como opuesto a su grandeza y como amenaza contra su identidad. A lo que se añadió la necesidad de ruptura contra la otra inspiradora de Europa, en la otra capital de ésta, muy activa entonces, la Roma de los pontífices. Y, sobre todo, la alianza con la que amenazaba a Europa, el fundamentalismo islámico, llegado entonces, con las armas en la mano, hasta las puertas de Roma, de Venecia y de Viena"



domingo, 5 de agosto de 2018

Lepanto, la historia oculta - Jean Dumont (y VII)

Dumont reconoce como francés y con resignación esta realidad:

"Tal es la verdad histórica, por dolorosa que nos resulte en tanto que supone un ataque contra nuestras convicciones: ni hubo protección efectiva francesa de los Santos Lugares ni hubo protección francesa, en general, de los cristianos de Oriente."

Por su parte, España, siempre en la oscuridad, en el silencio, ayudando a los cristianos de Oriente y los Santos Lugares, parece que sin rechistar a Francia, sin quejarse, aplicando el Evangelio.

"Y a España, gracias a su activo y muy generoso Real Patronato de los Santos Lugares, establecido en el siglo XVI, le correspondió también aquí la parte del león. Las cifras de la contabilidad de Tierra Santa a este respecto no presentan discusión alguna. Pero las cifras son poco conocidas, no habiendo sido publicadas más que en la revista científica de historia misionera española Missionalia hispánica en 1946, año en el que la voz de España, al margen de las naciones, no era ya, o no lo era todavía oída. Refrendadas por los sucesivos 'guardianes' italianos de Tierra Santa, estas cifras se conservan en Madrid."

Se pueden comparar las cifras desorbitadas de las ayudas españolas en relación al resto:



Y todas estás ayudas a lo largo de casi dos siglos de 1603 hasta 1790. "De hecho - dice Dumont - durante medio milenio, desde el siglo XIV aragonés hasta el siglo XIX, España carga con los santos lugares a las espaldas"

Aunque también Dumont rompe una lanza en favor del rey francés "Luis XIII que hizo una misión de carácter religioso momentánea y localizada, pero también notable, al servicio de los cristianos de Oriente: la de los franciscanos recoletos franceses, que envió a Sidón en 1631 y de la que nos da detalles, precisamente, el propio hermano Roger"

Llegados a este punto:


Añade en el siguiente epígrafe:

"Siempre en complicidad con los musulmanes. Para empezar, hay que constatarlo: como en época de Lepanto, Francia es, hoy, de todas las naciones de Europa occidental, la más cercana y la más impregnada por el Islam".

Y apunta un hecho sobre el levantamiento de los moriscos en España que pone los pelos de punta:

"En 1605, Enrique IV trata de fomentar, en unión con los berberiscos de Argel, el levantamiento de los moriscos de toda España. Peligro extremadamente grave contra el catolicismo que lleva a Felipe III, por recomendación del arzobispo de Valencia, San Juan de Rivera, a decidir y a ordenar la expulsión de 300000 moriscos de España y su envío a África del Norte entre 1609 y 1614. Para ello organiza 'charters' masivos con 'toda la flota de guerra' (Braudel) de España, movilizando para la operación galeones y galeras.
Por necesidad evidente, pero - conservando la conciencia cristiana - sin venganza. Pues los 'piadosos' españoles muestran a los expulsados su 'tristeza' y su 'compasión', apunta, en estos términos, con respecto a los moriscos andaluces y extremeños, el historiador de la época , el sevillano Diego Ortiz de Zúñiga. Se está lejos de la presión abominable de los cristianos por parte de los musulmanes argelinos, en sus galeras y en sus prisiones. Opresión que éstos contaban entonces con extender a España con la ayuda del rey de Francia."

El gran problema del encamamiento de Francia con los musulmanes, a lo largo de los siglos ha tenido como resultado unas consecuencias que en 1996 eran perfectamente visibles y hoy en día ya se sabe lo que es el Islam en Francia, responsable, en gran parte, de la islamización de Europa.

Esto es lo que escribe Dumont en 1996, y me quedo con el proverbio ruso "un pichón nacido en un establo no es un caballo" 





viernes, 23 de marzo de 2018

Lepanto, la historia oculta - Jean Dumont (y VI)

En referencia a la protección de los Santos Lugares en Oriente Medio, cabe destacar lo que dice Dumont:

"La resplandeciente embajada enviada ante el sultán de Egipto, entonces soberano de Palestina, por los Reyes Católicos en 1501-1502, conduce a la firma del primer tratado en regla y el único en todo el siglo XVI, de protección de los Santos Lugares y de los cristianos de Oriente por parte de las autoridades musulmanas. Los reyes de Francia no obtendrán nada parecido en el siglo XVI, contrariamente a la idea que ha extendido la propaganda de su alianza con los turcos."

Parece claro que Francia no pudo ser, por lo menos a lo largo del siglo XVI la protectora de los Santos Lugares y menos aún de los cristianos habitantes de Oriente Medio.

Existieron relaciones diplomáticas entre la Cristiandad, liderada por España, a principios del siglo XVI y en las que nada tiene que ver el reino de Francia, a pesar de que, al parecer, cierta propaganda ha querido hablar de estas diplomacias francesas para justificar los acuerdos entre Francisco I y Solimán, con el objeto de parecer que Francia protegía a la Cristiandad y a los cristianos de Oriente.

Lo cierto, según Dumont, es que en 1502, el diplomático Pedro de Anglería, enviado por los Reyes Católicos a Egipto para establecer relaciones diplomáticas que buscaban la defensa de los cristianos de allí y de los Santos Lugares, como el Santo Sepulcro, consigue con gran éxito y frente al sultán Quan Suguri, salvaguardar estos Santos Lugares y sus gentes. Sin embargo la oficialidad francesa, hace público que fueron los franceses los que logran esos tratados que favorecen lo que años antes habían conseguido los diplomáticos españoles. Tratados, por otro lado, que van orientados a afianzar oscuros acuerdos con los turcos que en nada iban a favorecer a la Cristiandad. (Aunque ignoro qué acuerdos eran esos, tanto los de los españoles en 1502 como los de los franceses en 1528 ya que no veo las referencias de Dumont sobre la información al respecto, no obstante me parece bastante verosímil todo)

" 'la entrada por la vía oficial' francesa, la capitulación de 1536 entre Francisco I y Solimán, va a suponer un grave retroceso. Mientras que en la capitulación hispano-mameluca de 1502 'no se ha pensado más que en los intereses religiosos', como constata Mariéjol, y estando estos intereses presentes en la capitulación que se apuntaba en Alejandría en 1528, están sin embargo totalmente ausentes en el tratado general firmado oficialmente en nombre del Muy Cristiano Rey (*). Este acuerdo se mantenía 'exclusivamente en el terreno comercial' consular y naval, sin la menor mención a la protección de los cristianos de oriente ni de los Santos Lugares."

Dumont, además, da cuenta de un hecho que pone de relieve la inconsistencia, la falta de sentido, que supone aceptar el argumento francés a favor de la defensa de los cristianos aduciendo lo siguiente:

"¿Qué ganas podría tener el luterano Carlos de Marillac, que llevó consigo esta capitulación a París, de ir en ayuda de los franciscanos (**) a cargo de los Santos Lugares? Él, cuyos correligionarios no dejaban de atacar a los franciscanos con la máxima violencia. Diez años antes de su salida para Constantinopla, los adeptos como él de las 'opiniones nuevas' habían roto en mil pedazos en 1524 una estatua de San Francisco a las puertas de un convento franciscano de París. ¿Por qué habría tenido él que proteger los conventos franciscanos de Tierra Santa? ¿Por qué los embajadores franceses posteriores ante el sultán, como el hugonote Du Bourg, los obispos 'heréticos notorios' Monluc y Noailles, reprobados por el Papa, se habrían lanzado a socorrer a los franciscanos establecidos por éste en los Santos Lugares? Ellos, cuyos correligionarios, hacían en ese mismo momento las delicias del panfleto enteramente consagrado a ridiculizar y a insultar a San Francisco y a los franciscanos: aquel Alcorán de los franciscanos publicado en Ginebra por Calvino en 1556, prologado por Lutero y difundido masivamente, hasta en las bibliotecas, en los cofres y en las fundas de nuestros embajadores."

Y un poco más adelante, en referencia a ese Alcorán:

"Pues el Alcorán de nuestros embajadores la tomaba especialmente, groseramente, con los estigmas crísticos de San Francisco.. 'Abominación detestable, execrable' dijo Lutero de éstos. 'Con el fin de que todos odien y eviten a estos monjes y lacayos del papa', esto es, los franciscanos, añadió el otro prologuista, Conrado Bade, hugonote francés como los enviados de nuestros reyes ante el sultán: Marillac, Monluc, Du Bourg y Noailles."

La aportación argumental de Dumont es lógicamente impecable.

Con un siglo de retraso, en 1604, según apunta Dumont, parece que la monarquía francesa, con Enrique IV se reconcilia con la Cristiandad, aunque sólo fuera con la cristiandad francesa, ya que en uno de los títulos del tratado, el Título IV concretamente, "no establecía otra protección que la de los peregrinos franceses o sus aliados, mientras que la capitulación española [la de 1502, cien años antes] la hacía extensible a todos los cristianos, sin distinción."

En general, Dumont muestra cómo la monarquía francesa y luego también la república, jamás ayudó a los cristianos de oriente, tal como parece querer aparentar en virtud de otros intereses, aunque sí mostrasen apoyo sólo a los cristianos franceses. Mientras, con el tratado hispano turco de 1502 pone claramente de manifiesto la protección de los Santos Lugares así como los cristianos en general sean de donde sean y vengan de donde vengan. Ese es el auténtico espíritu del imperio español, el poner en marcha el Evangelio de Cristo de la mejor forma posible y cuyo espíritu fue heredado a través de su tradición de los Reyes Católicos y las monarquías posteriores.

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(*)  Dumont se refiere al rey francés, me imagino, y lo pone en mayúsculas para darle el tono irónico al referirse a la importancia que se daba a sí misma la monarquía francesa.

(**) El diplomático Pedro de Anglería y otros que fueron en nombre de la Cristiandad y los reyes de España a Egipto y Oriente Medio eran franciscanos y los franciscanos también estaban por aquellas tierras.

jueves, 14 de diciembre de 2017

Lepanto. la historia oculta - Jean Dumont. (y V)

Otro apunte más entre tantos otros, que pone de manifiesto las intenciones de estos reyes franceses que plagaron Europa de propaganda falsa a lo largo de los siglos:

El concepto de imperio que tenían estos reyes franceses pasaba simplemente por subyugar a los diversos pueblos bajo el domino del rey como dueño y señor de todo. El mismo que tenían los musulmanes seguramente.

Mientras que el concepto de Carlos Quinto, como bien explica Ramón Menéndez Pidal en su ensayo "Idea Imperial de Carlos V" (****) era de otra naturaleza completamente diferente; orientado a una paz cristiana y respeto por las diferentes costumbres y pueblos de Europa.

"Todos temen a la Francia parisina.Tanto como Francia será temida en Italia, en donde la rechazan y donde cada día se empeña en que se la tema un poco más. Francia aplasta a la Borgoña ocupada y Saboya, igual que saquea Dole y Niza. Y nuestro Bayardo - sí, Bayardo, emblema de nuestra leyenda - "saquea" la región a la que ha sido enviado, entre Cremona y Milán. Hasta el punto que los milaneses van en masa a aportar su óbolo a los españoles para que éstos les libren de él y de Francia: "El que no tenía más que dos escudos, aportaba generosamente uno", dicen los testigos franceses. Cremona, Alejandría, Pavía, Nápoles, Roma, por experiencia, rechazan también a la Francia opresiva de la época. Como todos los potentados de Italia [...] florentinos, genoveses, sieneses, lucanos..."

Es decir, hasta que no reconozcan al rey de Francia como su Señor, Dueño, Emperador y todo lo necesario para humillar a un pueblo a los pies del rey de Francia.


Finaliza este capítulo Dumont:





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(****)  Aquí se puede hacer un inciso al respecto de ese gran ensayo de Ramón Menéndez Pidal, en el que muestra algunos momentos donde, a su juicio, se manifiesta la idea imperial de Carlos V. 

Gracias a la condición de profundo y genial filólogo, de los más grandes y respetados en la lengua castellana, Menéndez Pidal hace una interesante valoración dando razón de por qué Carlos V no tiene la idea de un imperio al modo francés, depredador, sino que ésta pertenece a otra esfera de pensamiento mucho más madura que viene a determinar el verdadero sentido de lo que significó, y significa de hecho, el imperio español.

En un discurso pronunciado en Madrid en 1528, don Ramón ve claramente, por el estilo inconfundible para él, que dicho discurso debe pertenecer a fray Antonio de Guevara, que en aquella época andaba al lado del emperador como predicador y cronista imperial. 

Dice don Ramón:

"Fray Antonio de Guevara no era todavía el estilista famoso que un poco más tarde se puso de moda en Europa; pero ya en España su obra principal, El reloj de príncipes, circulaba manuscrita y empezaba a correr en ediciones fraudulentas, y sus cartas familiares y su oratoria eran admiradas por todos. Su prosa fluida sobreabundante, oscila entre la sencillez y la complicación; sentenciosa, adornada con aliteraciones, similicadencias y paralelismos, cautivaba en España e iba a cautivar en todos los países a los ingenios cortesanos e iba a despertar traductores e imitadores en Inglaterra, en Francia, en Alemania, en Holanda.
Pues bien; las similicadencias tan peculiarmente guevarescas, abundan en el discurso de Madrid.
Abundan los paralelismos y todos los demás recursos estilísticos inconfundiblemente guevarescos, cuyo pormenor no expongo por no cansar la atención.

En este discurso madrileño, Carlos V pone empeño en decir que no aspira en tomar lo ajeno, sino a conservar lo heredado, y llama tirano al príncipe que conquista lo que no es suyo."

Actitud en claro contraste con la de la monarquía francesa que denuncia Dumont.

Me interesa resaltar que fue, muy probablemente, un obispo católico, fray Antonio de Guevara, el artífice de dicho discurso.


Carlos V

Además, esta idea de Carlos V, se contrapone también a la de su canciller, Mercurio Gatinara, piamontés, quien, parece ser que, según don Ramón, desprecia tanto al francés como al español y que "piensa en la monarquía universal de Carlos como un privilegio, como el justo título para toda otra conquista, como justo título para dominar todo el orbe."

Idea, por otro lado, parecida o igual a la que tendrían los reyes franceses, que servirá como propaganda negativa en Europa contra el rey español, una idea que jamás pondrá en práctica ningún rey español como sí la estaba poniendo de hecho el rey francés.

Pero Dumont, aporta más datos, más análisis y razonamientos que dan cuenta de una realidad histórica tergiversada que, parece que hoy día, se quiere desconocer y se oculta deliberadamente. 

lunes, 11 de diciembre de 2017

Lepanto. la historia oculta - Jean Dumont. (y IV)

Continúo comentando este libro de Jean Dumont:

"El sexto error será el descenso francés a lo largo de Italia. El Papado soberano de Nápoles, tomará a mal la conquista francesa de este reino."

Los italianos estaban más pendientes de hacer frente a las razias de los musulmanes otomanos que desolaban el mediterráneo y habían atacado la ciudad de Otranto, como para que vinieran ahora los franceses, con su aire "nazi" imperialista, a intentar reafirmar unos derechos inexistentes, para tocar las narices e intentar conquistar Nápoles. Realmente, esa actitud soberbia e infantil que mostraban estos reyes franceses era increíble.

Claro, esto consiguió que los estados pontificios se pusieran en contra de Francia. Con todo, como bien deja ver Dumont, los italianos, lo que necesitaban era un aliado que les ayudara contra los turcos y quién si no el reino de España al que, como es lógico, se les aceptaría de buen grado para luchar contra el francés invasor.
Así, los franceses no hacían más que demostrar su desastrosa diplomacia. Habían conseguido poner a toda Europa contra ellos y encima aliados de los turcos que, en último extremo también irían contra ellos. 

El séptimo error; Saboya, "muy francófila" como dice Dumont. 

"Había sido la duquesa de Saboya quien, cediendo sus ricas joyas a Carlos VIII, había permitido a este rey de Francia completar la financiación de su primer descenso a Italia

Creo que con esto, pocas dudas puede haber de la amistad del ducado de Saboya con la corona francesa. Pues bien, los perspicaces monarcas franceses, hicieron los siguiente: 

"En 1536, bajo Francisco I conquistaron Bresse y Piamonte [territorios pertenecientes a Saboya]; en 1538 destruyeron su ducado y en 1543 tomaron Niza en el transcurso de una agresión unificada de la flota turca y francesa

Osea, tu me financias; me das dinero para mis empresas y yo a cambio te meto en cintura a palo limpio. La verdad es que, por lo menos, me resulta bastante rara esta absurda actitud francesa.
No es de extrañar que todos los territorios alrededor de la Francia parisina, los estimasen bastante poco.

Y claro el ducado de Saboya no iba a quedarse impasible:

"El duque Emmanuel Filiberto de Saboya mandará también el ejercito español, ejército que aplastará también al ejército francés de Enrique II en San Quintín en 1557"

Pero Dumont hace mención de la increíble actitud de Carlos Quinto y Felipe II respecto a la Francia parisina:

"En realidad es asombroso que Carlos Quinto y Felipe II, teniendo en la mano todos estos triunfos que la Francia parisina les proporcionaba, no se hubieran aprovechado y servido de ellos. Sin embargo, la propaganda protestante y después a ratos la monárquica, proclamaban que la casa de Austria no pensaba más que en esto. Lo que ocurría, sencillamente, es que estas propagandas no se ajustaban a la realidad"

Y un hecho que me resulta, de todo punto, insólito:



"La influencia de su tutor [el de Carlos Quinto] y gobernador en su juventud, el francófilo borgoñón Guillermo de Croy, señor de Chièvres, que ha combatido en los ejércitos franceses en Italia bajo Carlos VIII y Luis XII, dirigirá a Carlos Quinto como primer ministro de la naciente Casa de Austria, hasta su muerte en 1521. Al año siguiente, en lugar de poner en marcha una política antifrancesa, Carlos Quinto, en la primera confrontación armada que le opondrá a Francisco I, aceptará el arbitraje del rey de Inglaterra, Enrique VIII. Y es Francisco I quien rehusará conformarse con este arbitraje para quedarse con Fuenterrabía, en España, que había conquistado en una nueva agresión contra la península ibérica lanzada en 1521. Enrique VIII, el árbitro, ratificará entonces solemnemente la falta del rey [de Francia] a la paz"




El mismo Thomas Cromwell, primer ministro británico, dirá:

"El rey de Francia, para reconquistar el Milanesado, no tendrá el menor escrúpulo por atraer al Turco, y al mismo diablo, al corazón de la Cristiandad"

Aún hay cosas muy interesantes para la siguiente entrega...

sábado, 2 de diciembre de 2017

Lepanto. la historia oculta - Jean Dumont. (y III)

El cuarto error que apunta Dumont, ya parece de risa. El "genio" de Luis XI, es superado por el de su hijo Carlos VIII que rechaza el casamiento con Margarita de Austria, hija de Maximiliano y María de Borgoña y, para más inri, después de haberla prometido. Y encima, para colmo de males, Carlos VIII, la rechaza a continuación para casarse con Ana, la heredera de Bretaña, a la que Maximiliano había pretendido anteriormente al quedar éste viudo (***)

Por si una no era suficiente, ni dos; triple afrenta a los Austrias.
Y para colmo de los colmos, la unión con Bretaña fue forzada, tras una batalla (1488) perdida por estos contra el flamante rey Francés. Menuda flama la de Carlos VIII. 

Y sin comerlo ni beberlo, el camino se va allanando para los Austrias que les van saliendo las cosas.

Porque el quinto error apunta ya muy alto, demasiado para Carlos VIII. Y es que ya debía estar muy molesto Maximiliano para seguir aguantando los desplantes, insultos y escabechinas que el rey francés acometía contra él y su pueblo y con un acto verdaderamente imperial, Maximiliano realiza un movimiento estratégico que a vista de pájaro, sobre la realidad de entonces, se lo habían puesto a huevo. Se trata del casamiento de su hijo Felipe con la hija de los que empezaban a ser poderosos Reyes Católicos, cuyos dominios se extendían no sólo a lo que hoy es España sino a Italia, Nápoles y Sicilia que pertenecían al reino de Aragón. ¿Qué significaba esto? pues que el reino de España se unía al Sacro Imperio Romano Germánico de Occidente y esto ya eran palabras mayores. Carlos VIII, sin duda, fue absolutamente incapaz de comprender este movimiento, la envidia y el odio ciegan. Y podría ser que Dios "favoreciera" al más justo.

Realmente, el imperio español, fue consecuencia de un proceso de incorporación a un proyecto general que dependió, en gran medida, de que los intereses de los que se incorporaban a ese proyecto, coincidían con los intereses de los que ya estaban, de manera que los territorios incorporados a este proyecto no eran sometidos. Sometimiento que siempre quiso imponer la corona francesa al resto de territorios, los cuales se rebelaban ante esa humillación. 
Se trata de un imperio católico y católico, como es bien sabido, quiere decir universal.

Pero hay más...


(***) A saber qué correría por el caletre de este rey tan "perspicaz", seguramente se enteraría de que Maximiliano se había prometido con Ana de Bretaña y pensó - bueno, voy a hacerle la puñeta a este Maximiliano que pretende ser emperador cuando debería serlo yo - Así que, guerreó contra los de Bretaña ganándoles la batalla y llevándose, como privilegio, el casamiento con Ana, cuyo deseo, a buen seguro, hubiese sido casarse con Maximiliano, en lugar de aquel personaje de Carlos VIII.

domingo, 26 de noviembre de 2017

Lepanto. la historia oculta - Jean Dumont. (y II)

Dumont aprecia una "colosal sucesión de errores" históricos en el proceder de la monarquía francesa. 
Me da por pensar que en el odio, envidia o lo que sea, hacia los Austrias, puede estar una de las razones o quizá la razón principal de estos errores, que se agarran a las entrañas hepáticas de la corona francesa y su descendencia. (*)

Dice:

"Carlos Quinto [Me resulta curioso que siempre lo escribe con letra] era austriaco sólo por una cuarta parte de su ascendencia, por su abuelo Maximiliano, como resultado de una colosal sucesión de errores acumulativos y convergentes de la monarquía francesa. Errores que, literalmente, habían conseguido crear en él la Casa de Austria y que, llegado el siglo XVI, los franceses tenían que haber tenido la lucidez de enmendar"

Parece que Dumont habla con cierta rabia sobre lo que pudo ser o debió ser y no fue, en referencia a la corona francesa.

De lo que he leído un poco por internet y a grandes rasgos, en la historia de los reyes de Francia, ocurre que ya, Luis I divide el reino entre sus hijos, Carlos el Calvo, que se queda con Francia occidental, Lotario I, se queda con Francia Media y Luis el Germánico con Francia oriental. 
El caso es que ya con ellos y a partir de ellos, los territorios se van sucediendo a los diferentes reyes y existen disputas que van definiendo los territorios.

El caso es que Dumont da una razón muy convincente de lo que supuso el primer error de Francia, que fue atacar España, Aragón concretamente, con la idea del "sueño imperialista" (**) parece ser. 
Francia creía aprovechar una debilidad de Castilla en la época de Enrique IV de Trastamara, pero en 1476, que es cuando realiza el ataque - 

"Por desgracia, [por fortuna] su ataque cayó sobre una España que acababa de pasar a las vigorosas manos de Isabel y Fernando"

¿Por qué fue un error? Bueno, a partir de entonces, los Reyes Católicos, apercibidos de las intenciones del rey de Francia y de los sucesivos reyes franceses, sabrían muy bien cómo y con quienes establecer sus acuerdos, vínculos y alianzas matrimoniales.

Y me parece que lo que leo a continuación viene a reforzar estas sospechas. 
A la muerte de Carlos el Temerario, duque de Borgoña, Luis XI quiere aprovechar la situación de debilidad o de vacío de poder para atacar Borgoña e intentar someterlos por la fuerza (**).

Y así; pone el ejemplo de cómo en España esto se hace completamente al revés realizando una incorporación a un proyecto general muy atractivo por los pueblos de Borgoña y Bretaña que desean unirse a él.

El tercer error, gravísimo, de Luis XI de Francia, fue no casar a su hijo, el futuro Carlos VIII con María de Borgoña, la futura abuela de Carlos Quinto y que era la heredera de Borgoña y a pesar de que el casamiento había sido propuesto por los embajadores borgoñones. 
Así que María de Borgoña casó con el archiduque Maximiliano, futuro emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, imperio que heredaría Carlos V. Como el Ducado de Borgoña tenía territorios en Flandes, estos pasaron a la unión que se agrandaría con el casamiento de Felipe el Hermoso, hijo de Maximiliano y Juana, hija de los Reyes Católicos, de los que nacería el futuro emperador.

Pero los errores continúan....


(*) Parece un poco exagerado pensar que una cuestión de envidias y odios puedan generar siglos de enemistad entre naciones. En este caso, enemistad de la corona de Francia hacia Austria; hacia el imperio, pero no al revés. Quizá la cosa puede ser perfectamente comprensible. Aunque creo que me estoy arriesgando porque, en verdad no soy lego en la materia, pero se me ocurre pensar que esas envidias fueran el cimiento de un edificio; y esos malos cimientos pudieron dar lugar al resto, porque unos errores acumulados sobre otros crean nuevos errores que se multiplican y la bola de nieve se acaba haciendo más y más grande sobre todo cuando esos errores son algo más que errores, son fruto de una mentira y es un enmendar mentiras constantemente. Seguramente tiene mucho que ver con lo que advertía Feijoo sobre los "errores arraigados" que el gran Julián Marías, que a lo largo de toda su vida combatió la mentira, señaló muy bien.

(**) Y este "sometimiento por la fuerza" va a ser una característica muy típica del concepto de imperialismo que va a caracterizar a la Francia absolutista y diría también que a la revolucionaria, y sobre todo, en los tiempos de Napoleón que, como después Hitler, quiere aspirar a dominar el mundo. Concepto, como se verá, radicalmente opuesto al que tenía Carlos Quinto y Felipe II.