sábado, 28 de enero de 2017

Clásicos Griegos. Tucídides.

Junto a Heródoto, el más significativo de los historiadores de la antigua Grecia es Tucídides. 
En una espléndida colección de la Biblioteca Gredos, vemos pasar la historia de Grecia y Roma, y con la serie dedicada a Tucídides, a través de los helenistas españoles más insignes, nos trasladan a un mundo remoto, en este caso el siglo V a.c. 
Tucídides, historiador y general ateniense, estratego, es quien nos narra la famosa "Historia de la guerra del Peloponeso", la guerra civil griega entre Esparta y Atenas, dos perspectivas diferentes de ver el mundo, enfrentadas.

Tucídides es el primer historiador riguroso. En este sentido, su técnica de estudio está más próxima a lo que actualmente se hace en el estudio de la historia, que en lo que hicieron sus antecesores, como Heródoto o Hecateo, a quienes Tucídides no considera historiadores si no logógrafos, meros cronistas. Aunque Heródoto nos dejó una importante obra donde escribe, entre otras cosas, sobre el conflicto bélico entre los dos grandes imperios antiguos del siglo V y VI, el imperio Ateniense y el imperio Persa, narrando las famosas "Gerras Médicas".

Al principio de su obra, Tucídides escribe:

"En resumen, mi obra ha sido compuesta como una adquisición para siempre más que como una pieza de concurso para escuchar un momento.

Hace una crítica de forma indirecta a los anteriores historiadores, a Heródoto, cuya obra era representada para ser escuchada por el público. Tucídides no pretende, por tanto, ese tipo de notoriedades, no pretende engrandecer unos hechos ante un público. Su intención es contar la verdad.



jueves, 27 de octubre de 2016

La muerte de Venus de Luis Racionero.

Ambientada en la Florencia de los Medici del siglo XV, la novela se desarrolla entorno a uno de los grandes pintores de la época, el joven Sandro Botticelli junto a los grandes personajes también históricos como Leonardo Da Vinci, la familia Medicci, la joven musa Simonetta Vespucio, modelo de muchos de los cuadros de Botticelli, entre ellos "El nacimiento de Venus" en la galería Uffizi de Florencia, y que era sobrina o prima (ahora no recuerdo) del comerciante y cosmógrafo Américo Vespucio de quien tan injustamente lleva el continente americano su nombre por cierto, y otros como el inflexible Savonarola y demás personajes de la época.

Luis Racionero ha desarrollado esta novela aportando su gran conocimiento de Florencia y del Quatrocento renacentista. Se ha introducido en el carácter y la personalidad de sus personajes, dándoles a cada uno sus propias posibilidades dentro de esta trama, con una admirable capacidad para inventarse unos hechos, que bien pudieron haber ocurrido en el transcurso de unos acontecimientos, de intrigas palaciegas, desamores, conjuras y contubernios que prometen un final digno de una buena novela histórica.

Aunque he leído alguna crítica por internet en sentido contrario donde la ponen a parir, creo que exageran. A mi me ha gustado y me han dado ganas de volver a Florencia para pasear por sus calles y volver al Duomo.

No me resisto a escribir un fragmento de la obra que me gusta especialmente en un momento en el que Sandro, profundamente absorto por el desamor de Simonetta y en un diálogo en aquel ágora reminiscente de la antigua grecia replica a su interlocutor "No hay filosofía que aguante un dolor de muelas"

Una lectura fácil, profunda y estupenda para todos aquellos enamorados de Florencia y el Renacimiento.



lunes, 19 de septiembre de 2016

Incitación. Un poco de Ortega.

Fragmento de su ensayo "El origen deportivo del Estado":

"La palabra que más sabor de vida tiene para mí y una de las más bonitas del diccionario es la palabra «incitación». Sólo en biología tiene este vocablo sentido. La física la ignora. En la física no es una cosa incitación para otra, sino sólo su causa. Ahora bien: la diferencia entre causa e incitación es que la causa produce sólo un efecto proporcionado a ella. La bola de billar que choca con otra transmite a ésta un impulso, en principio, igual al que ella llevaba: el efecto es en física igual a la causa. Mas cuando el aguijón de la espuela roza apenas el ijar del caballo pura sangre éste da una corveta magnífica, generosamente despro­porcionada con el impulso de la espuela. La espuela no es causa, sino incitación. Al pura sangre le bastan mínimos pretextos para ser exuberantemente incitado, y en él res­ponder a un impulso exterior es más bien dispararse. Las corvetas equinas son, en verdad, una de las imágenes más perfectas de la vida pujante y no menos la testa nerviosa, de ojo inquieto y venas trémulas del caballo de raza. Así debió ser aquel maravilloso animal que se llamó «Incitatus» y Calígula nombró senador romano."






lunes, 29 de agosto de 2016

Vivir en la verdad.

"El hombre que vive sobre un supuesto de ideas y creencias de cuya falsedad está íntimamente convencido, o que al menos sospecha, y que no tiene el ánimo necesario para sentirse perdido, aplazar decisiones y ponerse a realizar esa faena inexorable que es el pensar —inexorable porque cuando es auténtico no admite componendas y sólo se aquieta con la verdad misma—; cuando no tiene ese ánimo, digo, huye de la verdad y la persigue, porque adivina que su mera presencia arruina el irreal fundamento de su vida. Mejor dicho —y esto es lo más grave—,de «su contravida, de su vida como formal inautenticidad, que es el modo de no ser de la vida humana»"

Julián Marías.

domingo, 25 de octubre de 2015

La manifestación del verbo.

En la película "Ordet, la palabra", dirigida por el danés Carl Theodor Dreyer en 1955, hay una frase reveladora de la santa Ingred al anciano abuelo, quien se queja con amargura por creer no haber sido escuchado por Dios en sus rezos durante toda su larga vida: 

"Qué sabrás tu del fruto de tus oraciones"






miércoles, 9 de septiembre de 2015

La defensa de Cartagena

"Si hubiera estado yo en Portobelo, no hubiera su merced insultado impunemente las plazas del Rey mi señor, porque el ánimo que les faltó a los de Portobelo me hubiera sobrado para contener su cobardía"

Misiva del Almirante de la flota española Blas de Lezo al oficial de la armada inglesa Edward Vernon en el sitio de Cartagena momentos antes del inicio de la batalla. Vernon, con mas de 27000 soldados y 186 barcos contra la fuerza española en Cartagena con sólo 6 barcos y 2700 soldados.
La victoria española fue aplastante.

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"If I had been in Portobelo, His Grace had not insulted with impunity the squares of the King my Lord, for the encouragement of Portobelo missed the leftover I had to hold his cowardice."

Missive from the spanish admiral Blas de Lezo to the english naval officer Edward Vernon in the Cartagena site a few moments before start the fighting. Vernon, with more of 27000 soldiers and 186 ships against the spanish force in Cartagena with only 6 ships and 2700 soldiers.
The spanish victory was crushing.





martes, 18 de agosto de 2015

Los náufragos de la Armada Invencible.


En 1988 se publicó un interesante libro de edición limitada titulado "Los náufragos de la Armada Invencible" por Mariano González-Arnao Conde-Luque conmemorando el cuatrocientos aniversario de la Felicísima Armada en su empresa contra Inglaterra. 




Harto de la piratería inglesa contra los barcos españoles que venían con su cargamento de ultramar, Felipe II decide idear un plan para frenar a los bandoleros ingleses auspiciados por la corona británica. Lástima que el Capitán General de la Armada Española y consejero de Felipe II, Don Álvaro de Bazán, falleciera poco antes del inicio de la contienda. Otro gallo hubiese cantado de haber estado vivo. Probablemente no habría aconsejado al rey el precipitado ataque contra Inglaterra. Pero España era entonces el imperio más poderoso de la tierra y todo parecía estar a nuestro favor.

El autor hace una exposición de los sucesos apoyándose sobre todo en los estudios realizados por Cesáreo Fernández Duró y Enrique Herrera Oria que dio a conocer algunos datos interesantes en torno a protagonistas de la historia como el Duque de Medina Sidonia, que fue el sustituto de Don Álvaro de Bazán como Capitan General, cargo que el Duque intentó declinar reconociendo desde el principio su inexperiencia e ineptitud para ese puesto, pero cuyas cartas dirigidas a Felipe II a este respecto no consiguieron disuadir al rey. El capitán de una de las naos, Francisco de Cuellar, desconocido hasta el descubrimiento de una carta escrita por él a "un amigo de España" cuenta sus avatares tras su naufragio en las costas de Irlanda.  
En la Armada también se embarcaría Lope de Vega.




Francisco de Cuellar cuenta sus aventuras en esa misiva que bien merece un guión cinematográfico. 
Desvalido y ensangrentado tras el naufragio en Grange, es testigo de las desgracias del resto de marineros españoles que naufragaron con él y que mueren ahogados o degollados a manos de los oriundos o de los propios ingleses. En Grange, a pocos kilómetros al noroeste de Sligo se pueden encontrar indicaciones que señalan el lugar del naufragio. 



E incluso parece ser que es posible ver el casco de alguna de las naos cuando la marea está baja, aunque no tuvimos ocasión de verlo. 
Realizamos el viaje desde Galway en autobus hasta Sligo donde alquilamos unas bicicletas para ir hasta Grange. 


A parte de este libro, me guié del documental que Mikel Silvestre tiene colgado en Youtube al que tengo que agradecer también algunas indicaciones que me dio por mail para seguir la ruta de De Cuellar.




De Cuellar y ocho españoles más, perseguidos bajo pena de muerte, se atrincheran en un castillo cedido por los señores de aquellas tierras que huyen aterrados de los ingleses a las montañas. 

"Apartéme con los ocho españoles que conmigo estaban, que eran buenos mozos, y díjeles que bien vian todos los trabajos pasados, el que nos venia y que para no vernos en más era mejor acabar de una vez honradamente, y pues teníamos buena ocasión no había que aguardar más ni andar huyendo por montañas y bosques desnudos, descalzos y con tan grandes fríos como hacía, y pues el salvaje sentía tanto desamparar su castillo, alegremente nos metiésemos los nueve españoles que allí estábamos, en él y le defendiésemos hasta morir"

Lástima que no hubo tiempo de llegar hasta el lago Melvin donde se encuentra el castillo derruido, pero el viaje mereció la pena.