jueves, 14 de diciembre de 2017

Lepanto. la historia oculta - Jean Dumont. (y V)

Otro apunte más entre tantos otros, que pone de manifiesto las intenciones históricas de estos reyes franceses que plagaron Europa de propaganda falsa a lo largo de los siglos:

""En 1535, como consecuencia de este apetito personal y bulímico por Italia, Francisco I hace otra proposición al sultán, muy concreta, conservada también en el Ministerio de Asuntos Exteriores. En los siguientes términos: 'El señor rey ruega al señor Barbarroja [el almirante turco-argelino] que, teniendo un ejército poderoso, acuda a la isla de Córcega, además de al país y sitios de los genoveses sin dejar de llevar allí de todas las formas la guerra, hasta que éstos hayan reconocido y recibido al dicho Señor [Rey] como Señor y Dueño' "

El concepto de imperio que tenían estos reyes franceses era simple y llanamente subyugar a los pueblos bajo el domino del rey como dueño y señor de todo, el mismo que tenían los musulmanes seguramente.

Mientras que el concepto de Carlos Quinto, como bien explica Ramón Menéndez Pidal en su ensayo "Idea Imperial de Carlos V" (****) era de otra naturaleza completamente diferente; orientado a una paz cristiana y respeto por las diferentes costumbres y pueblos de Europa.

"Todos temen a la Francia parisina"

"Tanto como Francia será temida en Italia, en donde la rechazan y donde cada día se empeña en que se la tema un poco más. Francia aplasta a la Borgoña ocupada y Saboya, igual que saquea Dole y Niza. Y nuestro Bayardo - sí, Bayardo, emblema de nuestra leyenda - 'saquea' la región a la que ha sido enviado, entre Cremona y Milán. Hasta el punto que los milaneses van en masa a aportar su óbolo a los españoles para que éstos les libren de él y de Francia: 'El que no tenía más que dos escudos, aportaba generosamente uno', dicen los testigos franceses. Cremona, Alejandría, Pavía, Nápoles, Roma, por experiencia, rechazan también a la Francia opresiva de la época. Como todos los potentados de Italia [...] florentinos, genoveses, sieneses, lucanos"



Finaliza este capítulo Dumont:





(****)  Aquí se puede hacer un inciso al respecto de un gran ensayo de Ramón Menéndez Pidal, en el que explica algunos momentos donde, a su juicio, se manifiesta la idea imperial de Carlos V. Gracias a la condición de profundo y genial filólogo, de los más grandes y respetados de la historia en la lengua castellana, Menéndez Pidal hace una interesante valoración que da razón de por qué Carlos V no tiene la idea de un imperio al modo francés, depredador, sino que su idea pertenece a otra esfera de pensamiento mucho más madura y que viene a determinar el verdadero sentido de lo que significó, y significa de hecho, el imperio español.

En un discurso pronunciado en Madrid en 1528, don Ramón ve claramente, por el estilo inconfundible para él, que dicho discurso pertenece a fray Antonio de Guevara que en aquella época andaba al lado del emperador como predicador y cronista imperial. 

Dice don Ramón:

"Fray Antonio de Guevara no era todavía el estilista famoso que un poco más tarde se puso de moda en Europa; pero ya en España su obra principal, El reloj de príncipes, circulaba manuscrita y empezaba a correr en ediciones fraudulentas, y sus cartas familiares y su oratoria eran admiradas por todos. Su prosa fluida sobreabundante, oscila entre la sencillez y la complicación; sentenciosa, adornada con aliteraciones, similicadencias y paralelismos, cautivaba en España e iba a cautivar en todos los países a los ingenios cortesanos e iba a despertar traductores e imitadores en Inglaterra, en Francia, en Alemania, en Holanda.
Pues bien; las similicadencias tan peculiarmente guevarescas, abundan en el discurso de Madrid.
Abundan los paralelismos y todos los demás recursos estilísticos inconfundiblemente guevarescos, cuyo pormenor no expongo por no cansar la atención.
En este discurso madrileño, Carlos V pone empeño en decir que no aspira en tomar lo ajeno, sino a conservar lo heredado, y llama tirano al príncipe que conquista lo que no es suyo."

En clarísimo contraste con las pérfidas acciones de la monarquía francesa denunciadas por Dumont.

Me interesa resaltar que fue, muy probablemente, un obispo católico, fray Antonio de Guevara, el artífice de dicho discurso.


Carlos V, por Tiziano (1532)


Esta idea de Carlos V, se contrapone a la de su canciller, Mercurio Gatinara, piamontés, quien, parece ser que, según don Ramón, desprecia tanto al francés como al español y que "piensa en la monarquía universal de Carlos como un privilegio, como el justo título para toda otra conquista, como justo título para dominar todo el orbe."

Idea, por otro lado, parecida o igual a la que tendrían los reyes franceses. Es la que servirá como propaganda negativa en Europa contra el rey español, una idea que jamás pondrá en práctica ningún rey español como sí la estaba poniendo de hecho el rey francés.

Pero Dumont, aporta más datos, más análisis y razonamientos que dan cuenta de una realidad histórica tergiversada que, a mi juicio, hoy día se quiere desconocer y se oculta deliberadamente. 

lunes, 11 de diciembre de 2017

Lepanto. la historia oculta - Jean Dumont. (y IV)

Continúo comentando este libro de Jean Dumont:

"El sexto error será el descenso francés a lo largo de Italia. El Papado soberano de Nápoles, tomará a mal la conquista francesa de este reino."

Los italianos estaban más pendientes de hacer frente a las razias de los musulmanes otomanos que desolaban el mediterráneo y habían atacado la ciudad de Otranto, como para que vinieran ahora los franceses, con su aire "nazi" imperialista, a intentar reafirmar unos derechos inexistentes, para tocar las narices e intentar conquistar Nápoles. Realmente, esa actitud soberbia e infantil que mostraban estos reyes franceses era increíble.

Claro, esto consiguió que los estados pontificios se pusieran en contra de Francia. Con todo, como bien deja ver Dumont, los italianos, lo que necesitaban era un aliado que les ayudara contra los turcos y quién si no el reino de España al que, como es lógico, se les aceptaría de buen grado para luchar contra el francés invasor.
Así, los franceses no hacían más que demostrar su desastrosa diplomacia. Habían conseguido poner a toda Europa contra ellos y encima aliados de los turcos que, en último extremo también irían contra ellos. 

El séptimo error; Saboya, "muy francófila" como dice Dumont. 

"Había sido la duquesa de Saboya quien, cediendo sus ricas joyas a Carlos VIII, había permitido a este rey de Francia completar la financiación de su primer descenso a Italia

Creo que con esto, pocas dudas puede haber de la amistad del ducado de Saboya con la corona francesa. Pues bien, los perspicaces monarcas franceses, hicieron los siguiente: 

"En 1536, bajo Francisco I conquistaron Bresse y Piamonte [territorios pertenecientes a Saboya]; en 1538 destruyeron su ducado y en 1543 tomaron Niza en el transcurso de una agresión unificada de la flota turca y francesa

Osea, tu me financias; me das dinero para mis empresas y yo a cambio te meto en cintura a palo limpio. La verdad es que, por lo menos, me resulta bastante rara esta absurda actitud francesa.
No es de extrañar que todos los territorios alrededor de la Francia parisina, los estimasen bastante poco.

Y claro el ducado de Saboya no iba a quedarse impasible:

"El duque Emmanuel Filiberto de Saboya mandará también el ejercito español, ejército que aplastará también al ejército francés de Enrique II en San Quintín en 1557"

Pero Dumont hace mención de la increíble actitud de Carlos Quinto y Felipe II respecto a la Francia parisina:

"En realidad es asombroso que Carlos Quinto y Felipe II, teniendo en la mano todos estos triunfos que la Francia parisina les proporcionaba, no se hubieran aprovechado y servido de ellos. Sin embargo, la propaganda protestante y después a ratos la monárquica, proclamaban que la casa de Austria no pensaba más que en esto. Lo que ocurría, sencillamente, es que estas propagandas no se ajustaban a la realidad"

Y un hecho que me resulta, de todo punto, insólito:



"La influencia de su tutor [el de Carlos Quinto] y gobernador en su juventud, el francófilo borgoñón Guillermo de Croy, señor de Chièvres, que ha combatido en los ejércitos franceses en Italia bajo Carlos VIII y Luis XII, dirigirá a Carlos Quinto como primer ministro de la naciente Casa de Austria, hasta su muerte en 1521. Al año siguiente, en lugar de poner en marcha una política antifrancesa, Carlos Quinto, en la primera confrontación armada que le opondrá a Francisco I, aceptará el arbitraje del rey de Inglaterra, Enrique VIII. Y es Francisco I quien rehusará conformarse con este arbitraje para quedarse con Fuenterrabía, en España, que había conquistado en una nueva agresión contra la península ibérica lanzada en 1521. Enrique VIII, el árbitro, ratificará entonces solemnemente <>"




El mismo Thomas Cromwell, primer ministro británico, dirá:

"El rey de Francia, para reconquistar el Milanesado, no tendrá el menor escrúpulo por atraer al Turco, y al mismo diablo, al corazón de la Cristiandad"

Aún hay cosas muy interesantes para la siguiente entrega...

sábado, 2 de diciembre de 2017

Lepanto. la historia oculta - Jean Dumont. (y III)

El cuarto error que apunta Dumont, ya parece de risa. El "genio" de Luis XI, es superado por el de su hijo Carlos VIII que rechaza el casamiento con Margarita de Austria, hija de Maximiliano y María de Borgoña y, para más inri, después de haberla prometido. Y encima, para colmo de males, Carlos VIII, la rechaza a continuación para casarse con Ana, la heredera de Bretaña, a la que Maximiliano había pretendido anteriormente al quedar éste viudo (***)

Por si una no era suficiente, ni dos; triple afrenta a los Austrias.
Y para colmo de los colmos, la unión con Bretaña fue forzada, tras una batalla (1488) perdida por estos contra el flamante rey Francés. Menuda flama la de Carlos VIII. 

Y sin comerlo ni beberlo, el camino se va allanando para los Austrias que les van saliendo las cosas.

Porque el quinto error apunta ya muy alto, demasiado para Carlos VIII. Y es que ya debía estar muy molesto Maximiliano para seguir aguantando los desplantes, insultos y escabechinas que el rey francés acometía contra él y su pueblo y con un acto verdaderamente imperial, Maximiliano realiza un movimiento estratégico que a vista de pájaro, sobre la realidad de entonces, se lo habían puesto a huevo. Se trata del casamiento de su hijo Felipe con la hija de los que empezaban a ser poderosos Reyes Católicos, cuyos dominios se extendían no sólo a lo que hoy es España sino a Italia, Nápoles y Sicilia que pertenecían al reino de Aragón. ¿Qué significaba esto? pues que el reino de España se unía al Sacro Imperio Romano Germánico de Occidente y esto ya eran palabras mayores. Carlos VIII, sin duda, fue absolutamente incapaz de comprender este movimiento, la envidia y el odio ciegan. Y podría ser que Dios "favoreciera" al más justo.

Realmente, el imperio español, fue consecuencia de un proceso de incorporación a un proyecto general que dependió, en gran medida, de que los intereses de los que se incorporaban a ese proyecto, coincidían con los intereses de los que ya estaban, de manera que los territorios incorporados a este proyecto no eran sometidos. Sometimiento que siempre quiso imponer la corona francesa al resto de territorios, los cuales se rebelaban ante esa humillación. 
Se trata de un imperio católico y católico, como es bien sabido, quiere decir universal.

Pero hay más...


(***) A saber qué correría por el caletre de este rey tan "perspicaz", seguramente se enteraría de que Maximiliano se había prometido con Ana de Bretaña y pensó - bueno, voy a hacerle la puñeta a este Maximiliano que pretende ser emperador cuando debería serlo yo - Así que, guerreó contra los de Bretaña ganándoles la batalla y llevándose, como privilegio, el casamiento con Ana, cuyo deseo, a buen seguro, hubiese sido casarse con Maximiliano, en lugar de aquel personaje de Carlos VIII.

domingo, 26 de noviembre de 2017

Lepanto. la historia oculta - Jean Dumont. (y II)

Dumont aprecia una "colosal sucesión de errores" históricos en el proceder de la monarquía francesa. 
Me da por pensar que en el odio, envidia o lo que sea, hacia los Austrias, puede estar una de las razones o quizá la razón principal de estos errores, que se agarran a las entrañas hepáticas de la corona francesa y su descendencia. (*)

Dice:

"Carlos Quinto [Me resulta curioso que siempre lo escribe con letra] era austriaco sólo por una cuarta parte de su ascendencia, por su abuelo Maximiliano, como resultado de una colosal sucesión de errores acumulativos y convergentes de la monarquía francesa. Errores que, literalmente, habían conseguido crear en él la Casa de Austria y que, llegado el siglo XVI, los franceses tenían que haber tenido la lucidez de enmendar"

Parece que Dumont habla con cierta rabia sobre lo que pudo ser o debió ser y no fue, en referencia a la corona francesa.

De lo que he leído un poco por internet y a grandes rasgos, en la historia de los reyes de Francia, ocurre que ya, Luis I divide el reino entre sus hijos, Carlos el Calvo, que se queda con Francia occidental, Lotario I, se queda con Francia Media y Luis el Germánico con Francia oriental. 
El caso es que ya con ellos y a partir de ellos, los territorios se van sucediendo a los diferentes reyes y existen disputas que van definiendo los territorios.

El caso es que Dumont da una razón muy convincente de lo que supuso el primer error de Francia, que fue atacar España, Aragón concretamente, con la idea del "sueño imperialista" (**) parece ser. 
Francia creía aprovechar una debilidad de Castilla en la época de Enrique IV de Trastamara, pero en 1476, que es cuando realiza el ataque - 

"Por desgracia, [por fortuna] su ataque cayó sobre una España que acababa de pasar a las vigorosas manos de Isabel y Fernando"

¿Por qué fue un error? Bueno, a partir de entonces, los Reyes Católicos, apercibidos de las intenciones del rey de Francia y de los sucesivos reyes franceses, sabrían muy bien cómo y con quienes establecer sus acuerdos, vínculos y alianzas matrimoniales.

Y me parece que lo que leo a continuación viene a reforzar estas sospechas. 
A la muerte de Carlos el Temerario, duque de Borgoña, Luis XI quiere aprovechar la situación de debilidad o de vacío de poder para atacar Borgoña e intentar someterlos por la fuerza (**).

Y así; pone el ejemplo de cómo en España esto se hace completamente al revés realizando una incorporación a un proyecto general muy atractivo por los pueblos de Borgoña y Bretaña que desean unirse a él.

El tercer error, gravísimo, de Luis XI de Francia, fue no casar a su hijo, el futuro Carlos VIII con María de Borgoña, la futura abuela de Carlos Quinto y que era la heredera de Borgoña y a pesar de que el casamiento había sido propuesto por los embajadores borgoñones. 
Así que María de Borgoña casó con el archiduque Maximiliano, futuro emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, imperio que heredaría Carlos V. Como el Ducado de Borgoña tenía territorios en Flandes, estos pasaron a la unión que se agrandaría con el casamiento de Felipe el Hermoso, hijo de Maximiliano y Juana, hija de los Reyes Católicos, de los que nacería el futuro emperador.

Pero los errores continúan....


(*) Parece un poco exagerado pensar que una cuestión de envidias y odios puedan generar siglos de enemistad entre naciones. En este caso, enemistad de la corona de Francia hacia Austria; hacia el imperio, pero no al revés. Quizá la cosa puede ser perfectamente comprensible. Aunque creo que me estoy arriesgando porque, en verdad no soy lego en la materia, pero se me ocurre pensar que esas envidias fueran el cimiento de un edificio; y esos malos cimientos pudieron dar lugar al resto, porque unos errores acumulados sobre otros crean nuevos errores que se multiplican y la bola de nieve se acaba haciendo más y más grande sobre todo cuando esos errores son algo más que errores, son fruto de una mentira y es un enmendar mentiras constantemente. Seguramente tiene mucho que ver con lo que advertía Feijoo sobre los "errores arraigados" que el gran Julián Marías, que a lo largo de toda su vida combatió la mentira, señaló muy bien.

(**) Y este "sometimiento por la fuerza" va a ser una característica muy típica del concepto de imperialismo que va a caracterizar a la Francia absolutista y diría también que a la revolucionaria, y sobre todo, en los tiempos de Napoleón que, como después Hitler, quiere aspirar a dominar el mundo. Concepto, como se verá, radicalmente opuesto al que tenía Carlos Quinto y Felipe II.

martes, 21 de noviembre de 2017

Lepanto. la historia oculta - Jean Dumont. (I)

Espléndido libro sobre la batalla de Lepanto del hispanista francés Jean Dumont (1923 - 2001). Editorial Encuentro, segunda edición de 1999. Traducción de Mónica Ruis Bremón.

Comienza haciendo estado de la cuestión para poner en antecedentes la situación en la que se encuentra el mundo cristiano ante la decisiva batalla de Lepanto. 

Este libro constituye un documento histórico interesantísimo. Me parece fundamental el capítulo I en el que el autor pone en antecedentes, contando lo que fue, tanto la amenaza turca como las conjuras y contubernios de la corona Francesa, aliada constante del turco contra el Papa y toda la cristiandad. Todo ello haciendo justificación de la batalla ante la amenaza musulmana que se cernía sobre Europa y que, de haberse convertido en real, podría haber supuesto su desaparición.




Hay un aspecto sobre una figura capital en la contienda, bastante interesante, tal como nos cuenta el autor. Se trata de Juan Andrea Doria, almirante italiano genovés, al servicio de la corona española.
El autor Dumont, le hace justicia a propósito de algunas opiniones de historiadores franceses vertidas sobre él, tanto en la misma batalla como en la tentativa de ataque previa, tiempo antes de la batalla, a la isla de Chipre, a la sazón cristiana, perteneciente a Venecia, gravemente amenazada por el turco y que finalmente fue masacrada por éste.



Este socorro a Chipre (septiembre de 1570), supuso un fracaso total de las tropas cristianas frente al turco, según apunta Dumont (pag 46 del libro):

"el Papa Pío V comete el error de confiar esta primera operación a un gran señor romano, soldado valiente, pero no marino y sin capacidad de mando a este nivel: Marco Antonio Colonna. Además, los venecianos improvisan una flota de combate muy inferior a la admirable disposición (Braudel)(*) de las flotas españolas. No logran liberar Chipre, que cae inexorablemente bajo el poder del Islam. Y deben regresar a Italia ¡en qué estado! Los venecianos han perdido 27 de sus galeras. Y Colonna, comandante en jefe, no salva más que 3 de las 12 galeras que le han sido directamente confiadas."

Y aquí viene la defensa de Doria, por las polémicas desatadas en torno a este suceso de algunos historiadores franceses:

"Los historiadores franceses que, como a menudo, han tratado el asunto refiriéndose a la polémica veneciana o romana, abundante e interesada, olvidando las silenciosas fuentes españolas que hay que descubrir en los archivos, culpan de este fracaso al genovés Juan Andrea Doria, comandante de la flota española de Italia que participó en él."

Y Continúa:

"Las circunstancias estratégicas que conciernen a la operación de Chipre son, fundamentalmente, que el pequeño imperio insular veneciano, especialmente Chipre y Creta, está debilitado por la reticencia de las poblaciones rurales explotadas sin tasa ni medida, por la falta de preparación y por la mala conservación de las defensas. Las circunstancias tácticas en el mismo asunto son que, como el romano Colonna, el jefe de la flota veneciana improvisada, el proveedor Zane, no es un marino experto. Juan Andrea Doria tiene, indudablemente, defectos: es altivo, egoísta, a menudo imprevisible y, por añadidura, genovés, lo que le hace ser siempre sospechoso, a los ojos de los venecianos, rivales de la República genovesa, de abrigar todo tipo de malas intenciones con respecto a ellos. Posee también galeras propias, que se sospecha no arriesga. Pero es un estratega de visión aguda y profunda y un notable táctico naval formado desde su niñez en la escuela de su tío abuelo, que le hizo su heredero, el príncipe Andrea Doria, gran almirante de Carlos Quinto""Y en absoluto se echa atrás en el combate, cuando es necesario. Gracias a su "intervención categórica" (Braudel), Malta fue salvada en 1565."

Dumont explica después:

"Doria se da cuenta, enseguida,  del callejón sin salida estratégico que constituye, de cara a la formidable fuerza turca tan próxima a sus bases....Si la Cristiandad quiere defenderse eficazmente y rechazar al Turco, sin duda no debe hacerlo en ese terreno. El análisis es de una importancia capital en tanto que servirá a don Juan [don Juan de Austria, almirante en jefe de las tropas de la Liga Santa en Lepanto] para la elección del terreno de la confrontación principal."

En definitiva, Doria se acaba retirando, muy prudentemente, de la contienda en Chipre porque vio claro que, su intervención, hubiese supuesto un suicidio.

Más adelante, Dumont nos explica, en la aproximación que hace la flota de la Liga Santa en su entrada al golfo de Lepanto, cómo hay un momento de pequeña desorganización en la formación debido a la estrechez en el acceso al golfo entre la isla de Oxia y la costa peninsular y después la apertura al golfo que don Juan logra reorganizar, terminando con una rápida maniobra de Doria para cubrir, lo más posible, el frente que habría dado paso al lado izquierdo de la armada turca para salir del golfo y rodear peligrosamente a los cristianos:

"Así constata Braudel, "la flota cristiana logra pronto (este fue un primer éxito táctico), encerrar a su adversario" en su guarida del golfo de Lepanto, cortándole la salida. No será sin peligro para don Juan, pues estiradas sus líneas, se ha originado un vacío entre el centro y la escuadra de Doria que se ha adelantado hacia el sur":

Como se puede ver en el esquema inferior (una llave en rojo) se creó un importante espacio entre el bloque central de la armada cristiana que comandaba don Juan de Austria y el lado derecho (en el esquema la parte inferior) comandada por Doria:


"En efecto, el movimiento del genovés ha sido tan increíblemente rápido (una proeza, al tener el viento en contra), que la propia escuadra de vanguardia de Juan de Cardona, no ha podido seguirle [en el dibujo anterior la escuadra de Cardona seguirá la flecha discontinua que viene del norte y que va a parar justo a la llave de color rojo dibujada sobre el esquema] Y deberá "galopar" durante dos horas para restablecer la línea entre la escuadra de Doria y el centro del dispositivo de batalla cristiano"

"Lo extraordinario es que, hoy día, [este libro es una segunda edición de 1999] varios historiadores franceses de Lepanto, fiándose de las denuncias sistemáticas de los venecianos contra el genovés Andrea Doria, no ven la evidencia de este gran éxito inicial, como bien apunta Braudel. E igual que denuncian la "espantada súbita" de Doria durante el socorro a Chipre (simplemente salvó su flota, al contrario que los demás), le denuncian, como los venecianos, por su avance inicial decisivo, acusándole de haber puesto a estos en peligro. Así René Maine, por lo demás excelente. Además, su ignorancia en paralelo de los archivos españoles le hace adornar su texto con errores indignos de su ciencia. Presenta a Cervantes como "soldado del Papa", cuando era en realidad un soldado español de los tercios que pasa del de Padilla al de Mocada, en el que el futuro escritor combatirá en Lepanto."

Hace referencia a otros errores, tanto de Maine como de Jacques Mordal, que les lleva a errar por el desconocimiento que tienen de los archivos españoles. Por ejemplo, este último historiador dice que Cervantes era cautivo de los turcos.
Los turcos tenían a muchos cautivos que usaban como esclavos en sus barcos, pero no era el caso de Cervantes, aunque tiempo después fuera cogido preso en las prisiones de Argel.

(*) Braudel, op. cit., t. II, p. 195 y pp. 378 y 381: la flota veneciana "no valía nada", "la mala preparación de los venecianos se hizo evidente"

sábado, 28 de enero de 2017

Clásicos Griegos. Tucídides.

Junto a Heródoto, el más significativo de los historiadores de la antigua Grecia es Tucídides. 
En una espléndida colección de la Biblioteca Gredos, vemos pasar la historia de Grecia y Roma, y con la serie dedicada a Tucídides, a través de los helenistas españoles más insignes, nos trasladan a un mundo remoto, en este caso el siglo V a.c. 
Tucídides, historiador y general ateniense, estratego, es quien nos narra la famosa "Historia de la guerra del Peloponeso", la guerra civil griega entre Esparta y Atenas, dos perspectivas diferentes de ver el mundo, enfrentadas.

Tucídides es el primer historiador riguroso. En este sentido, su técnica de estudio está más próxima a lo que actualmente se hace en el estudio de la historia, que en lo que hicieron sus antecesores, como Heródoto o Hecateo, a quienes Tucídides no considera historiadores si no logógrafos, meros cronistas. Aunque Heródoto nos dejó una importante obra donde escribe, entre otras cosas, sobre el conflicto bélico entre los dos grandes imperios antiguos del siglo V y VI, el imperio Ateniense y el imperio Persa, narrando las famosas "Gerras Médicas".

Al principio de su obra, Tucídides escribe:

"En resumen, mi obra ha sido compuesta como una adquisición para siempre más que como una pieza de concurso para escuchar un momento.

Hace una crítica de forma indirecta a los anteriores historiadores, a Heródoto, cuya obra era representada para ser escuchada por el público. Tucídides no pretende, por tanto, ese tipo de notoriedades, no pretende engrandecer unos hechos ante un público. Su intención es contar la verdad.



jueves, 27 de octubre de 2016

La muerte de Venus de Luis Racionero.

Ambientada en la Florencia de los Medici del siglo XV, la novela se desarrolla entorno a uno de los grandes pintores de la época, el joven Sandro Botticelli junto a los grandes personajes también históricos como Leonardo Da Vinci, la familia Medicci, la joven musa Simonetta Vespucio, modelo de muchos de los cuadros de Botticelli, entre ellos "El nacimiento de Venus" en la galería Uffizi de Florencia, y que era sobrina o prima (ahora no recuerdo) del comerciante y cosmógrafo Américo Vespucio de quien tan injustamente lleva el continente americano su nombre por cierto, y otros como el inflexible Savonarola y demás personajes de la época.

Luis Racionero ha desarrollado esta novela aportando su gran conocimiento de Florencia y del Quatrocento renacentista. Se ha introducido en el carácter y la personalidad de sus personajes, dándoles a cada uno sus propias posibilidades dentro de esta trama, con una admirable capacidad para inventarse unos hechos, que bien pudieron haber ocurrido en el transcurso de unos acontecimientos, de intrigas palaciegas, desamores, conjuras y contubernios que prometen un final digno de una buena novela histórica.

Aunque he leído alguna crítica por internet en sentido contrario donde la ponen a parir, creo que exageran. A mi me ha gustado y me han dado ganas de volver a Florencia para pasear por sus calles y volver al Duomo.

No me resisto a escribir un fragmento de la obra que me gusta especialmente en un momento en el que Sandro, profundamente absorto por el desamor de Simonetta y en un diálogo en aquel ágora reminiscente de la antigua grecia replica a su interlocutor "No hay filosofía que aguante un dolor de muelas"

Una lectura fácil, profunda y estupenda para todos aquellos enamorados de Florencia y el Renacimiento.