domingo, 25 de noviembre de 2012

Sobre las guerras médicas. Heródoto, Libro VII. La areté.


Cuenta Heródoto en su libro VII un episodio en el enfrentamiento de los persas contra los griegos justo después de la batalla de las Termópilas.

Mardonio, hijo de Gobrías, uno de los generales en jefe del ejército persa del rey Jerjes había sido defensor de la idea de invadir la Hélade, frente a otro detractor de la empresa, Artábano, cuyo hijo Tritantecmes, a la sazón otro de los generales al frente del contingente persa, compartía la opinión de su padre que pensaba en lo innecesario de aquella empresa y en las grandes dificultades que entrañaba.

Artábano, al igual que su hijo, fue sabio consejero del rey Jerjes. Ya lo fue de su padre Darío quien inició el plan de invadir Grecia, plan que continuó su hijo Jerjes tras la muerte de aquél.

Después de la batalla de las Termópilas en la que el ejército griego combatió heroicamente, pero perdió con claridad, los persas siguieron camino hacia el Peloponeso cuando un grupo de arcadios se ofreció al rey persa para combatir a su lado, pues buscaban alguna remuneración. No obstante, la gran mayoría de los arcadios combatía contra el persa. 
El rey preguntó a los mercenarios qué hacían los griegos en referencia a los juegos olímpicos (*) que se desarrollaban por esas fechas. En respuesta, los arcadios hablaron de dichos juegos y Jerjes se intrigó por el premio que recibían los vencedores. Estos respondieron, ante la sorpresa del rey, que su premio era una corona del laurel tras lo cual Tritantecmes, delante del rey y de todos, no pudo guardar silencio dejando entrever cierto desasosiego por el enemigo al que se enfrentaban y agregó aludiendo a Mardonio:

"¡Ay Mardonio, contra qué clase de gente nos has traído a combatir! ¡No compiten por dinero, sino por amor propio (**)!"


(*) Los juegos consistían en una serie de pruebas atléticas de velocidad, de medio fondo y fondo, pruebas de pentatlon, de lucha, pugilato y pancracio y las carreras de carros que despertaban mayor interés. Había también las ceremonias y sacrificios de inauguración de los juegos. 

(**) Según Carlos Schrader, literalmente "por areté" La anécdota es típicamente griega, al exaltar la areté, frente al dinero, un tema típico de la cultura aristocrática arcaica

viernes, 15 de junio de 2012

Ortega y Gasset; Para los niños españoles



[Ochenta y cuatro años después cobra nueva vigencia.]

Texto escrito por el autor para su inclusión en el volumen Nuestra raza, libro 
de lectura manuscrita escolar.
Editorial Hispano-Americana. Reus, 1928.

El porvenir de España depende enteramente de vosotros los niños españoles. Y dentro de vosotros, niños españoles, depende enteramente de que aprendáis o no aprendáis una cosa. ¿Sabéis cuál? Esto que habéis de aprender y cultivar en vosotros exquisitamente, niños españoles, es lo que en mayor grado faltaba a nuestros padres y nuestros abuelos. ¿Sabéis qué es? ¡Ah!, una cosa que parece muy sencilla. Esta: distinguir entre personas.

No ignoráis que con el ejercicio y el adiestramiento consigue el hombre perfeccionar incalculablemente su capacidad de distinguir. El pintor llega a notar la diferencia entre colores que a los demás parecen iguales. El músico distingue las más leves divergencias entre los sonidos. Para el que es catador de vinos, como lo fue el padre de Sancho Panza, no hay dos vinos iguales. La palabra "sabio" significó en un principio el que distingue de sabores.
Pues bien, la vida de una sociedad y más aún la de un pueblo depende de que sus individuos sepan bien distinguir entre los hombres y no confundan jamás al tonto con el inteligente, al bueno con el malo.
Mirad: a la hora en que escribo esto para vosotros hay en España, desgraciadamente, muy pocos hombres inteligentes y de corazón delicado. Solo esos hombres puros, espirituales, profundos y nobles podrían mejorar a la patria. Pero no logran que se les atienda.
Porque los españoles que ahora forman nuestra sociedad no saben distinguir entre hombres y, acaso de buena fe, creen que son inteligentes los que son más necios, que son buenos los que son más farsantes. Ya sabéis que hay enfermos de la visión los cuales ven grises los objetos azules. Una cosa parecida nos acontece hoy a los españoles: padecemos una perversión del juicio sobre personas. Se juzga inteligentes a esos vanos charladores que llaman "políticos". Se cree que es buen poeta, buen novelista, buen profesor el que más lugares comunes dice, el que mejor halaga al público repitiendo las tonterías que este pensaba veinte años hace.
Y en tanto los mejores, los que verdaderamente valen son poco conocidos, nadie les hace caso o, tal vez, se les combate en todas formas.
¿Veis cuán importante sería que vosotros llegáseis a la madurez con una exquisita sensibilidad para distinguir entre el valer verdadero y el falso?
A este fin yo os recomendaría, entre otras, cuatro reglas o criterios:

No hagáis nunca caso de lo que la gente opina. La gente es toda una muchedumbre que os rodea -en vuestra casa, en la escuela, en la Universidad, en la tertulia de amigos, en el Parlamento, en el circulo, en los periódicos. 
Fijaos y advertiréis que esa gente no sabe nunca por qué dice lo que dice, no prueba sus opiniones, juzga por pasión, no por razón.

Consecuencia de la anterior. No os dejéis jamás contagiar por la opinión ajena. Procurad convenceros, huid de contagios. El alma que piensa, siente y quiere por contagio es un alma vil, sin vigor propio.

Decir de un hombre que tiene verdadero valor moral o intelectual es una misma cosa con decir que en su modo de sentir o de pensar se ha elevado sobre el sentir y el pensar vulgares. Por esto es más difícil de comprender y, además, lo que dice y hace choca con lo habitual. De antemano, pues, sabemos que lo más valioso tendrá que parecernos, al primer momento, extraño, difícil, insólito y hasta enojoso.

En toda lucha de ideas o de sentimientos, cuando veáis que de una parte combaten muchos y de otra pocos, sospechad que la razón está en estos últimos. 
Noblemente prestad vuestro auxilio a los que son menos contra los que son más.


domingo, 13 de noviembre de 2011

Sobre costumbres persas

[Cuenta Heródoto en el Libro I (133) sobre las costumbres de los persas lo siguiente: ]

"...suelen discutir los asuntos más importantes cuando están embriagados; y las decisiones que resultan de sus discusiones las plantea al día siguiente, cuando están sobrios, el dueño de la casa en que están discutiendo. Y si, cuando están sobrios, les sigue pareciendo acertado, lo ponen en práctica; y si no les parece acertado, renuncian a ello. Asimismo, lo que hayan podido decidir provisionalmente cuando están sobrios, lo vuelven a tratar en estado de embriaguez."

lunes, 22 de agosto de 2011

Por un puñado de dólares

Se masca la tragedia

Muchas de las melodías de Ennio Morricone tienen un tinte dramático que ha hecho de los Western de "serie B" películas geniales donde el drama que lleva al héroe a la tragedia de sus enemigos marca el compás de congoja de la muerte que sobrevuela como el buitre en espera del desenlace y sumen al espectador ante el más profundo e inmenso drama existencial en las postrimerías de la vida. Agárrate los machos y reza lo que sepas amigo.






miércoles, 1 de junio de 2011

¿Qué es filosofía? Principio de la Lección I; Ortega y Gasset

[Para quien o quienes se quieran dar por aludidos en estos tiempos que corren.

Ortega inició un ciclo de conferencias en 1929 que, posteriormente, fueron escritas para la Revista de Occidente el año 1957. Me importa recalcar que hace mas de ochenta años ya de esto. Los primeros párrafos de la lección primera de esta innovadora forma de afrontar el problema de qué es filosofía son una invitación para continuar con toda la serie de lecciones que, desde luego, prometen y consiguen hacer bucear al lector y descubrir paisajes hasta ahora nunca vistos.]

"En materia de arte, de amor o de ideas creo poco eficaces anuncios y programas. Por lo que hace a las ideas, la razón de tal incredulidad es la siguiente: la meditación sobre un tema cualquiera, cuando es ella positiva y auténtica, aleja inevitablemente al meditador de la opinión recibida o ambiente de lo que con más graves razones que cuando ahora supongan ustedes, merece llamarse "opinión pública" o "vulgaridad". Todo esfuerzo intelectual que lo sea en rigor nos aleja solitarios de la costa común, y por rutas recónditas que precisamente descubre nuestro esfuerzo nos conduce a lugares repuestos, nos sitúa sobre pensamientos insólitos. Son estos el resultados de nuestra meditación. Pues bien: el anuncio o programa se reduce a anticipar estos resultados, extirpándoles previamente la vía al cabo de la cual fueron descubiertos.
Pero, como veremos, un pensamiento separado de la ruta mental que a él lleva, isleño y abrupto, es una abstracción en el peor sentido de la palabra, y es, por lo mismo, ininteligible. ¿Qué se gana cuando se comienza una investigación colocando al público frente a este acantilado inasequible que sería nuestro programa, es decir, comenzando por el fin ?
Renuncio, pues, a mayusculizar con letras de programa lo que este ciclo de conferencias va a ser, y me propongo comenzar por el principio, por lo que para ustedes puede ser hoy, como fue para mi ayer, término inicial..."

martes, 10 de mayo de 2011

Religión, pensamiento y literatura de la India antigua II

Segunda conferencia pronunciada por Don Francisco Rodríguez Adrados.

La Gita: El culto divino como amor. Influjo en Europa. La épica india: Mahabahrata y Ramayana. El Budismo y el Jainismo.

Comienza haciendo un resumen de la conferencia anterior. La literatura india empieza por la lírica. En el libro décimo del Veda se vislumbran ciertas reflexiones filosóficas y diálogos, las Upanisad.

La Gita. El culto divino como amor, es una canción que se empieza a hacer en torno al siglo III a.c y plantea los orígenes del mundo en torno a un dios, Krishna, que es un dios de Mathura, región al sur de Delhi.
Krishna es un avatar del dios Vishnu.

Tenemos algunas referencias sobre la india a través del griego Megástenes.

Y comienza a hablar de la épica india cuya obra más conocida es el Mahabhrata, poema épico que relata la lucha entre dos ramas de una familia.

Al Pandava Aryuna, amigo de Krishna (representación del dios Vishnu) quien hace de auriga del primero en la batalla que enfrenta a los Pandavas contra los Kuravas, en el momento del combate le surge la duda sobre lo que va a hacer que le lleva a plantearse lo que esta bien y mal por lo de matar a sus propios familiares en la lucha y las repercusiones de sus actos en sus reencarnaciones sucesivas.

El concepto de salvación será el tema central de la literatura india. Si se hacen cosas malas en esta vida tendrán repercusiones negativas en la siguiente y la solución tomada para este problema es la inacción, el no hacer nada garantiza no equivocarse para hacer cosas malas. Y surge la religión Yaina que viene de los ascetas.
Esta postura puede equipararse a la tomada por los Cínicos de Diógenes.

Y la Gita habla de la acción, pero sin apego, sin pecado, una acción mínima. Hay un teísmo a partir del dios Vishnu, una tendencia al monoteísmo.

Aparece Buda que introduce una modificación en el ascetismo buscando el camino medio entre el ascetismo y su contrario.

Acaba exponiendo el profesor una visión personal de que el hombre no puede rechazar la acción, la acción es natural al hombre. Le queda por hablar del Ramayana y el Jainismo que supongo lo hará en la siguiente lección.

martes, 3 de mayo de 2011

Religión, pensamiento y literatura de la India antigua I

Se ha iniciado hoy un ciclo de conferencias en Madrid impartido por el ilustre académico Don Francisco Rodríguez Adrados y que tendrán lugar todos los martes de este mes de mayo. He asistido este primer día y, aunque la sala estaba abarrotada ya que la entrada es libre hasta completar el aforo, aún llegando a las 19.30, que es cuando empezaba la conferencia, he tenido la fortuna de sentarme en primera fila.

Aunque en este resumen procuro ceñirme a la lección del profesor, no deja de ser una visión personal y por tanto sujeta a errores, posiblemente errores de comprensión o de perspectiva.

Del mito indoeuropeo al mito indio. El Veda: Religión y mito. Las Upanisads: El Atma y el Brahma. Filosofía india y filosofía griega.

El tema de hoy ha sido introductorio. De forma magistral y con una dosis de humor ha establecido un paralelismo entre ambas culturas, la helénica y la india sin que, según él, haya una prueba clara de que haya habido en algún momento del tiempo una influencia de una cultura en la otra.

Comienza hablando de la literatura, si se puede llamar literatura a esos comienzos en la trasmisión oral de los himnos a los dioses, esto es, el Veda.
El sánscrito como lengua perfecta de la que derivarán el resto de lenguas indias y a través de la cual se inicia esa trasmisión escrita hacia el 1000 -800 a.c
Y establece la correspondiente analogía de la trasmisión oral de la épica griega que se ve reflejada posteriormente en los textos de Homero.

El indoeuropeo como raíz de las lenguas que se ramificaron en el griego y el sánscrito. Establece también lo que hoy es Pakistán como lugar geográfico del asiento primero de los indios indoeuropeos.

En el mito indio se ve una representación muy extravagante de los dioses, alejados de la realidad humana y más apegados a la naturaleza, pero que en algunos momentos sí muestran ciertas cualidades humanas. Son dioses con menos biografía que los dioses griegos y más estrechamente ligados a la naturaleza.

Surge una reacción frente a esta confusión y magma de tantos miles de dioses, de formas variopintas y ésta reacción es el ascetismo que aparca la fiesta lujuriosa del desenfreno.
El asceta es el meditabundo que, impasible, permanece arraigado a una roca musgosa sin mover un párpado.
Arquíloco y Jenófanes, critican las extravagancias de los propios poetas griegos y dice Arquíloco "mucho mienten los poetas" siendo él mismo un poeta, lo cual le da cierta licencia por lo menos a saber de lo que habla.
Los indios, sin embargo, no se permiten estas críticas.
Aparecen los Brahamanes que son críticos con esa visión "dionisíaca" de los dioses y la forma de vida en la antigua india, son consejeros. Se habla también aquí del Ser y el No-Ser como último resquicio que deja las cosas sin ornamento. Es un balbuceo de filosofía. Las Upanisad, últimos comentarios de la esencia del Ser, son diálogos.

Y hay también el Brahama como el espíritu total, el todo, el fundamento y como contrapartida el Atma, el sí mismo, el "ensimismamiento".
Parménides también nos habla del Ser y el No Ser. Esa paradoja que hace ver al hombre un algo interior a las cosas.
Y surge la doxa (opinión) desfiguradora de la realidad frente al maya indio que habla de ilusiones inventadas que también desfiguran la realidad.

Hay una diferencia interesante entre el asceta indio impertérrito frente al crítico griego que toma acción, diferencia sobre la que ahondará en las próximas lecciones.

El griego no puede quedarse quieto como el asceta indio, tiene que actuar...

viernes, 11 de marzo de 2011

Vicisitudes de las ciencias; Ortega y Gasset

[Fragmento de un artículo, Vicisitudes de las ciencias, escrito por Ortega en Marzo de 1930 y que viene incluido en su libro Meditación de la técnica. Atención al colofón del último párrafo]


" En Galileo, fundador de la física, late una contradicción. Por un lado define maravillosamente la nueva ciencia que entre las manos le nace: "Consiste - dice - en medir todo lo que se puede medir y en conseguir que pueda medirse lo que no se puede medir. " (Ejemplo de esto último, el calor. La física del calor consiste en inventar el termómetro.) Hoy más que nunca la física confirma esa definición bautismal de Galileo y se da cuenta de que no es sino cosmometría. Mas, por otro lado, Galileo cree que la física es matemática; es decir, que los fenómenos naturales se comportan matemáticamente. En todos ellos intervienen como ingredientes el espíritu y el tiempo. Galileo cree a pies juntillas que la espacialidad y la temporalidad de las cosas son el espacio y el tiempo matemáticos, no el espacio y el tiempo métricos.

Ahora bien: esta es una creencia erronea, y es importante advertir que a esa creencia errónea se debe la instauración de la física. Un ejemplo curioso de la providencialidad del error. El hombre, para acertar, necesita poner todo, hasta su ilustre capacidad de equivocarse. Como el caso es, en verdad, ejemplar, permítaseme exponerlo.
La ciencia física, que comienza en el siglo XVI, no se debe a que ciertos hombres, abandonando los razonamientos puros, la especulación de los filósofos, se resolvieran a observar los hechos; como si los antiguos y medievales, que no tuvieron física, no hubiesen observado concienzudamente la naturaleza y no la hubiesen sometido a experiencias. Ni por un momento se presenta Galileo como el hombre del experimento frente a los escolásticos. Todo lo contrario. Contra su ley de inercia son los escolásticos quienes hacen constar la experiencia. Galileo no puede demostrarla por el experimento. Creer que lo característico de las ciencias físicas es la observación o experiencia, en ese vulgar sentido del término, es un padecimiento que hoy sufre solo algún señor Homais, farmacéutico de rincón provincial.

No la observación produjo la física, sino la exigencia de la observación exacta. Y exactitud es un vocablo que sólo tiene sentido propio, auténtico, en matemática. Lo nuevo de la nuova scienza de Galileo fue la introducción formal de la matemática en la observación, la cuantificación radical de los fenómenos por su radical mensuración; por tanto, la experiencia metemática.
Pero esta aplicación que Galileo hace de las leyes matemáticas a los fenómenos físicos hubiera sido imposible si Galileo no hubiese padecido el prejuicio de que los fenómenos físicos obedecen, sin duda alguna, a las leyes matemáticas; por ejemplo, si no hubiese creído de antemano y previamente a toda experiencia que en la naturaleza hay ángulos rectos y que en un triángulo corporal la suma de sus ángulos es igual a dos rectos. Para la física, la cuestión era averiguar a qué otras leyes especiales obedecían los fenómenos materiales, además de obedecer - esto era para él incuestionable - a las leyes geométricas. Por eso dice: "La verdad está escrita en la naturaleza con letras matemáticas" La física trata de leer tales palabras, pero ni siquiera discute el abecedario. Por eso Galileo no se ocupa de hacer experimentos con el fin de demostrar físicamente si hay en la naturaleza ángulos rectos. Quiere ello decir que para la física, hasta hace unos cincuenta años, era una cosa indiscutible y evidente que las leyes geométricas, por sí y a priori, son leyes físicas; que los cuerpos obedecen dócilmente a aquellas. La física, pues, comienza no por experimentar, sino, al revés, por no experimentar, por prejuzgar la docilidad geométrica de la materia.

Imagínese ahora que un físico se dijese radicalmente: "Para mí, como físico, no hay mas realidad que el resultado de mis medidas." Con ello no haría sino insistir en la voluntad de Galileo; pero, más consecuente que él, caería en la cuenta de que entonces la realidad no coincide con la matemática, mejor dicho, que ninguna matemática rige, da leyes a la realidad. Ninguno de los espacios construidos por las puras geometrías es el espacio real de la física. La inercia no es una ley física, por que supone al cuerpo exento de influjos dinámicos, de variaciones apreciables con la medición y, sin embargo, pretende decir lo que pasará a ese cuerpo. En Galileo, la rectilineidad, que es un carácter puramente matemático, se comporta como una fuerza física, y esto no es menos magia que el afán de moverse circularmente, supuesto en los cuerpos por Aristóteles. La materia no tiene preferencias geométricas.

Actitud tal en un físico indica que por un lado no acepta el imperio de la matemática sobre su ciencia. La declara independiente, autónoma. (nota mía: respecto a esto del imperio de unas ciencias sobre otras es interesante leer el artículo desde el principio, pero he pasado de escribir tanto). Física es medir. Acepta el físico este destino de mundimensor. Se contenta con él. Se encierra en él. Por otro lado, no pretende que ese destino suyo reobre sobre la matemática; es decir, no niega - como intentó Helmholtz y el positivismo - la independencia métrica de la matemática, no dice que las leyes matemáticas no valgan para sus objetos imaginarios. Al contrario, cuanto más irreal, menos experimental sea la geometría, mejor le sirve para su faena: le sirve para ordenar sus medidas. La realidad no se compone de letras matemáticas - tal fue el error de Galileo. Lo que pasa es que el físico usa la matemática como un instrumento más para sistematizar sus observaciones.

Esta es la actitud de Einstein. De lo que resulta que hoy, cuando más matemática - y más complicada - se emplea en física, es cuando la matemática tiene menos intervención substantiva por sí en la física. De ser en rigor un principio de la "realidad" física, ha pasado a ser un nuevo instrumento de la "teoría" física, como el nonius y la balanza. No manda sino que obedece.

La instauración de la física se debe, pues, a un error. Si Galileo hubiese contado con medios métricos más precisos y se hubiera encontrado con que la materia no es euclidiana, la física no hubiera podido nacer, porque el hombre de entonces no contaba con una matemática a la altura de tales precisiones de mensuración. Respetemos estas cegueras, que permiten al hombre ver algo. Todo lo que somos positivamente lo somos gracis a alguna limitación. Y este ser limitados, este ser mancos, es lo que se llama destino, vida. Lo que nos falta y nos oprime es lo que nos constituye y nos sostiene. Por tanto aceptemos el destino. "

domingo, 16 de enero de 2011

¡Acelera y no pises el freno!; Curro Ávalos

[Fragmento del libro "Libera todo tu potencial" de Curro Ávalos, exjugador de baloncesto del Unicaja de Málaga, donde deja claro cómo en diferentes aspectos de nuestra vida nos ponemos frenos a nosotros mismos a la hora de plantearnos abordar una acción o una empresa determinada]

"¿Recuerdas los primeros días al volante de tu coche cuando acababas de obtener el carné de conducir? ¿No te pasó nunca que arrancabas y comenzabas a conducir con el freno de mano puesto? ¿Reaccionaste acelerando a tope para poder continuar o soltaste el freno definitivamente? Es evidente que liberaste la palanca.

En la vida ocurre igual. Hay demasiadas personas que viven y actúan con el freno puesto y pretenden resultados que solo se obtienen a 50, 70, o 120 kilómetros por hora. Y en la mayor parte de los casos, operan de esa manera al mantener creencias limitadoras o negativas sobre sí mismos ante situaciones similares ya experimentadas con anterioridad, e incluso ante momentos no vividos pero que han desarrollado en su mente a base de escuchar a otros. Viven inmersos en su zona de confort, haciendo cosas normales y esperando resultados extraordinarios. ¡Menuda incongruencia!

Ocurre también que estas personas han asimilado la falsa idea de que para alcanzar sus sueños tienen que aplicar una energía en sus acciones similar a la de una bomba atómica .
"Para alcanzar tus metas has de sufrir más y sudar mucho más. Sangre, sudor y lágrimas. Pero al final tendrás lo que buscas". Sí, y además una temporadita en el Centro Psiquiátrico más cercano con visitas constantes de un cardiólogo especializado.
¿Por qué no nos fijamos en lo que hacen las personas de éxito?
Los conquistadores de metas no se obligan a pisar el acelerador cuando el freno de mano está ejerciendo su fuerza. Ellos saben que donde verdaderamente hay que trabajar es en "no pisar el freno", dejando que la inercia les haga avanzar al tiempo que hacen frente a sus creencias limitadoras para generar una nueva y mejor imagen de sí mismos.
Recuerda que todo lo que deseas está fuera de tu zona de confort. Si sueñas con alcanzar algo del exterior tendrás que salir a buscarlo eliminando de inmediato todo aquello que haga surgir en tu mente la idea de que no eres digno de tal cosa. Has de destruir ese "hermoso" jardín de tu zona de confort donde abundan la planta del "no puedo", la rosa del "tengo que" y los jazmines del "debería". ¡Has de hacerlo ya!"

jueves, 13 de enero de 2011

El dedo en la llaga

[Fragmento del libro de Mario Conde, Los días de Gloria]

"Vivimos un momento crucial en la sociedad española. Me atrevo a decir que en todo Occidente y hasta en el mundo como globalidad.
La crisis que nos asola es descomunal. No se trata, por supuesto, de un episodio cíclico propio del ritmo evolutivo de la economía. Va mucho más allá. No es un tópico, sino una afirmación incontestable, que en el fondo de nuestra situación lo que late es una verdadera crisis de valores. El andamiaje valorativo con el que hemos edificado nuestra convivencia es lo que en realidad ha fracasado, y el fracaso se mide no solo en términos de paro, quiebras, concursos, desempleo, sino, sobre todo, en la percepción del tipo de hombre que surge como resultado de los esquemas educativos, valorativos y convivenciales de estos años"

martes, 17 de agosto de 2010

¿Qué es un amigo?

Entrevista disponible en YouTube del periodista Soler Serrano al músico argentino de folklore Atahualpa Yupanki. Está hablando de los gauchos allá en la Argentina y de algunos recuerdos de hace ya casi cien años. La entrevista es muy interesante, son siete videos de unos siete minutos cada uno. Aquí solo reproduzco un fragmento.


jueves, 3 de junio de 2010

El estar y el bienestar. - La "necesidad" de la embriaguez. - Lo superfluo como necesario. - Relatividad de la técnica; Ortega y Gasset


[Fragmento de la lección II de su libro Meditación de la Técnica. En la lección I, Ortega establece lo que considera diferencia esencial entre las necesidades humanas y animales. El animal vive solidario con la naturaleza, es naturaleza y está en ella, mientras que el hombre es naturaleza en la parte que a ella le toca, pero esa otra parte del hombre que no lo es, rechaza radicalmente la naturaleza donde se aloja el animal y tiene que inventarse un mundo para sostener su existencia.

Recordemos que esta conferencia, si no me equivoco, fue pronunciada el año 1933]


"Tan antiguos como los inventos de utensilios y procedimientos para calentarse, alimentarse, etc., son muchos otros cuya finalidad consiste en proporcionar al hombre cosas y situaciones innecesarias en ese sentido. Por ejemplo, tan viejo y tan extendido como el hacer fuego es el embriagarse - quiero decir, el uso de procedimientos o sustancias que ponen al hombre en estado psicofisiológico de exaltación deliciosa o bien de delicioso estupor -.
La droga, el estupefaciente es un invento tan primitivo como el que más. Tanto, que no es cosa clara, por ejemplo, si el fuego se inventó primero para evitar el frío - necesidad orgánica y condición sine qua non - o más bien para embriagarse.
Los pueblos más primitivos usan las cuevas para encender en ellas fuego y ponerse a sudar en forma tal que entre el humo y el exceso de temperatura caen en trance de cuasi embriaguez. Es lo que se ha llamado las "casas de sudar". Resulta inacabable la lista de procedimientos hipnóticos, fantásticos, es decir, productores de imágenes deliciosas, de excitantes que dan placer al ejercitar un esfuerzo. Así, entre estos últimos, el "Kat" del Yemen y Etiopía, que hace grato el andar cuanto más se anda por los efectos de aquella sustancia en la próstata. Entre lo "fantástico" recuérdese la coca del Perú, el beleño, el estramonio o datura, etcétera.


Parejamente discuten los etnólogos si es el arco de caza y guerra o el arco musical la forma primitiva del arco. La solución del debate no es cosa que ahora nos importe. El simple hecho de que quepa discutirlo demustra que, sea o no el musical el arco originario, aparece entre los instrumentos más primitivos. Y esto nos basta.
Por que ello nos revela que el primitivo no sentía menos como necesidad el proporcionarse ciertos estados placenteros que el satisfacer sus necesidades mínimas para no morir; por lo tanto, que desde el principio el concepto de "necesidad humana" abarca indiferentemente lo objetivamente necesario y lo superfluo. Si nosotros nos comprometiésemos a distinguir cuales de entre nuestras necesidades son rigorosamente necesarias, ineludibles, y cuales superfluas, nos veríamos en el mayor aprieto. Pues nos encontraríamos: 1º. Con que, ante las necesidades que pensando a priori parecen más elementales e ineludibles -, tiene el hombre una elasticidad increíble. No solo por fuerza, sino hasta por gusto, reduce a límites increíbles la cantidad de alimento y se adiestra a sufrir fríos de una intensidad superlativa. 2º. En cambio, le cuesta mucho o, sencillamente, no logra prescindir de ciertas cosas superfluas(*) y cuando le faltan prefiere morir. 3º De donde se deduce que el empeño del hombre por vivir, por estar en el mundo, es inseparable de su empeño de estar bien. Más aún: que vida significa para él no simple estar, sino bienestar, y que solo siente como necesidades las condiciones objetivas del estar, porque este, a su vez, es supuesto del bienestar. El hombre que se convence a fondo y por completo de que no puede lograr lo que él llama bienestar, por lo menos una aproximación a ello, y que tendría que contentarse con el simple y nudo estar, se suicida.

El bienestar y no el estar es la necesidad fundamental para el hombre, la necesidad de las necesidades. Con lo cual llegamos a un concepto de necesidades humanas completamente distinto del que en la lección anterior topamos, y además opuesto al que, por insuficiente análisis y descuidada meditación, suele adoptarse. Los libros sobre técnica que he leído - todos indignos, por cierto, de su enorme tema (1) - comienzan por no hacerse cargo de que el concepto de "necesidades humanas" es el más importante para aclarar lo que es la técnica. Todos esos libros como no podía menos de ser, hacen uso de la idea de esas necesidades, pero como no ven su decisiva importancia, lo toman según está en la tópica ambiente.
Precisemos ,antes de proseguir, la situación a la que hemos llegado: en la lección anterior considerábamos el calentarse y el alimentarse como necesidades humanas, por ser condiciones objetivas del vivir, en el sentido de mero existir y simple estar en el mundo. Son, pues, necesarias en la medida en que sea al hombre necesario vivir. Y notábamos que, en efecto, el hombre mostraba un raro y obstinado empeño en vivir. Pero esta expresión, ahora lo advertimos, era equívoca. El hombre no tiene empeño alguno por estar en el mundo. En lo que tiene empeño es en estar bien. Sólo esto le parece necesario y todo lo demás es necesidad, sólo en la medida que haga posible el bienestar. Por lo tanto, para el hombre solo es necesario lo objetivamente superfluo. Esto se juzgará paradójico, pero es la pura verdad. Las necesidades biológicamente objetivas no son, por sí, necesidades para él. Cuando se encuentra atenido a ellas se niega a satisfacerlas y prefiere sucumbir. Sólo se convierte en necesidades cuando aparecen como condiciones del "estar en el mundo", que, a su vez, sólo es necesario en forma subjetiva; a saber, porque hace posible el "bienestar en el mundo" y la superfluidad. De donde resulta que hasta lo que es objetivamente necesario solo lo es para el hombre cuando lo es referido a la superfluidad. No tiene duda: el hombre es un animal para el cual sólo lo superfluo es necesario. Al pronto parecerá a ustedes esto un poco extraño y sin más valor que el de una frase, pero si repiensan ustedes la cuestión verán cómo por sí mismos, inevitablemente, llegan a ella. Y esto es esencial para entender la técnica.

La técnica es la producción de lo superfluo: hoy y en la época paleolítica. Es, ciertamente, el medio para satisfacer las necesidades humanas; ahora podemos aceptar esta fórmula que ayer rechazábamos, porque ahora sabemos que las necesidades humanas son objetivamente superfluas y que solo se convierten en necesidades para quién necesita el bienestar y para quien vivir es, esencialmente, vivir bien. He aquí por qué el animal es atécnico: se contenta con vivir y con lo objetivamente necesario para el simple existir. Desde el punto de vista del simple existir el animal es insuperable y no necesita la técnica. Pero el hombre es hombre porque para él existir significa desde luego y siempre bienestar; por eso es a nativitate técnico creador de lo superfluo. Hombre, técnica y bienestar son, en última instancia, sinónimos.

Otra cosa lleva a desconocer el tremendo sentido de la técnica: su significación como hecho absoluto en el universo. Si la técnica consistiese solo en una de sus partes - en resolver más cómodamente las mismas necesidades que integran la vida del animal y en el mismo sentido que puedan serlo para éste -, tendríamos un doblete extraño en el universo: tendríamos dos sistemas de actos - los instintivos del animal y los técnicos del hombre -, que siendo tan heterogéneos servirían, no obstante, la misma finalidad: sostener en el mundo al ser orgánico. Porque el caso es que el animal se las arregla perfectamente con sus sistema, esto es, que no se trata de un sistema defectuoso, en principio. No es ni más ni menos defectuoso que el del hombre.
Todo se aclara en cambio si se advierte que las finalidades son distintas: de un lado servir a la vida orgánica, que es adaptación del sujeto al medio, simple estar en la naturaleza; de otro, servir a la buena vida, al bienestar, que implica adaptación del medio a la voluntad del sujeto.
Quedamos, pues, en que las necesidades humanas lo son solo en función del bienestar. Sólo podremos entonces averiguar cuáles son aquellas si averiguamos qué es lo que el hombre entiende por su bienestar. Y esto complica formidablemente las cosas. Porque...vaya usted a saber todo lo que el hombre ha entendido, entiende o entenderá por bienestar, por necesidad de las necesidades - por la sola cosa necesaria de que hablaba Jesus a Marta y María. (María, la verdadera técnica para Jesus.)

Para Pompeyo no era necesario vivir, pero era necesario navegar, con lo cual renovaba el lema de la sociedad milesia de los aeinaûtai - los eternos navegantes -, a que Tales perteneció, creadores de un nuevo comercio audaz, una nueva política audaz, un nuevo conocimiento audaz: la ciencia occidental.
Hay el faquir, el asceta, de un lado; el sensual, el glotón por otro.
Tenemos, pues, que mientras el simple vivir, el vivir en sentido biológico, es una magnitud fija que para cada especie está definida de una vez para siempre, eso que el hombre llama vivir, el buen vivir o bienestar, es un término siempre móvil, ilimitadamente variable. Y como el repertorio de necesidades humanas es función de él, resultan estas no menos variables, y como la técnica es el repertorio de actos provocados, suscitados por e inspirados en el sistema de esas necesidades, será también una realidad proteiforme, en constante mutación. De aquí que sea vano querer estudiar la técnica como una entidad independiente o como si estuviera dirigida por un vector único y de antemano conocido.

La idea del progreso, funesta en todos los órdenes cuando se la empleó sin críticas, ha sido aquí también fatal. Supone ella que el hombre ha querido, quiere y querrá siempre lo mismo, que los anelos vitales han sido siempre idénticos y la única variación a través de los tiempos ha consistido en el avance progresivo hacia el logro de aquel único desideratum. Pero la verdad es todo lo contrario: la idea de vida, el perfil del bienestar se ha transformado innumerables veces, en ocasiones tan radicalmente, que los llamados progresos técnicos eran abandonados y su rastro perdido. Otras veces - conste -, y es casi lo más frecuente en la historia, el inventor y la invención eran perseguidos como si se tratase de un crimen.
El que hoy sintamos en forma extrema el prurito opuesto, el afán de invenciones, no debe hacernos suponer que siempre ha sido así. Al contrario, la humanidad ha solido sentir un misterioso terror cósmico hacia los descubrimientos, como si en estos, junto a sus beneficios, latiese un terrible peligro. Y en medio de nuestro entusiasmo por los inventos técnicos, ¿no empezamos a sentir algo parecido? Sería de enorme y dramática enseñanza hacer una historia de las técnicas que, una vez logradas y pareciendo "adquisiciones eternas" - ktesis eis aeí -, se volatilizaron, se perdieron por completo."

(1) El único libro que, insuficiente también en lo que se refiere al problema general de la técnica, he podido aprovechar en uno o dos puntos es el Golt-Lilienfeld: Wirtschaft und Technik."
(*) [Parece que "superfluas" debería ir entrecomillado]

jueves, 4 de marzo de 2010

Jesucristo como expresión caritativa de Dios; José Camón Aznar.

[Fragmento de su libro "Dios en San Pablo".]

"Nuestra redención la procura la salvación ajena. Hay en esta caridad un anticipo del futuro inmortal. Porque la caridad incluye a su tema en nuestra personalidad. Al dar, queda incorporado a nuestro espíritu el objeto de la dación. Sólo se supera una cosa después de poseerla. Y la manera de hacer innocuo este mundo tan trágico consiste en convertirlo en criatura nuestra, al acercarnos a él con ánimo caritativo. La caridad es siempre mutua. En nuestra compasión sólo pueden participar aquellos seres capaces de padecer nuestras ansias. Se amplía así fabulosamente nuestra capacidad de magnificación, pues delante de nosotros - es decir, en el seno de Dios - no contamos más que con signos positivos que con sólo nuestro deseo acuden a insertarse en nuestra esencia. Y al ser nosotros objeto de la caridad de Dios, también Él participa de la nuestra.
Con el amor de caridad todo es trascendente. Todo sale de sí para volver con el botín del ser implorante. Allí hasta donde alcanza nuestro óbolo alcanza nuestra comprensión, es decir, nuestro mismo ser. "Llamaré al que no era mi pueblo pueblo mío. Y a lo no amado, amado.", dice Oseas en cita de San Pablo. Todo se unifica así en la posesión caritativa. No hay extrañezas que con intuición de caridad no podamos compartir. Y así resulta nuestra fraternidad hacia todas las cosas, porque al haberlas incorporado con amor de caridad, el espíritu ha franqueado las puertas abiertas por nuestras manos. "Vence al mal con el bien" (Epístola a los Rom., cap.12, vers. 21.) Ésta es la paz de los hombres de buena voluntad. Una activa emulación de caridades, una anelante pesquisa de miserias.

En esta tan desatada locura de caridades del cristiano paulino tendremos que apoyarnos en el mal como escala de perfección. Tendremos que rodearnos de insuficiencias ajenas que colmar para que así rebase nuestra copa. Este exceso de la caridad que requiere torpezas y miserias sobre las que derramarnos, lo carga el Apostol al mismo Dios. La creación queda así explicada, en función de la caridad, como un aliciente de compasión que sin ella le estaba vedado al Creador. Y surge el Génesis. Y con las criaturas, la posibilidad de llevar a su último extremo esta compasión: hasta el mismo martirio y muerte de Dios.
Así Dios se recibe a sí mismo desclavado de una cruz, descansando sobre sus propias rodillas maternas su cuerpo incierto y afrentado. Y, en su virtud de caridad, Dios ha permitido ser victimado en un trance que el entendimiento, exhausto de ardor de comprensión, no puede intuir: negándose a sí mismo. "Dios encerró en incredulidad a todas las cosas para tener misericordia de todos." (Epístola a los Rom., cap. 11, vers. 32.) Y así, hecho hombre, tanteando los muros de su propia obra, Dios se sugiere a sí mismo una compasión que llega a destruir la luz para perdonar y tener caridad de las tinieblas. Dios es víctima de su propia caridad, que lo levanta maltratado y en la forma del Hijo sobre todas las inmundicias de la Tierra.

Al provocar en nosotros actuaciones misericordiosas, la caridad nos asemeja a la única forma posible de actividad humana de Dios. Sus movimientos desarrollan criaturas, en las que se consume el amor a su Hijo. Al insertar en nuestro corazón a los patéticos seres que reclaman nuestra misericordia, hacemos gestos de Génesis. Nos encontramos entonces con una fraterna recepción en los cielos de Dios. Nuestra consciencia se ha manifestado propicia para rebajarse a la pequeñez de los caridados. Tanta será nuestra capacidad de Dios como sea nuestro fervor por disminuirnos en las miserias ajenas. Esta transmutación en tinieblas, esta anulación en la maldad capaz de redención, ¿será quizá esa "noche oscura del alma", esa angustia del perecimiento total que los místicos han sentido antes de ver de frente y enbriagada de amor la faz de Dios? La razón ha topado con el misterio del no ser. Podemos proyectar una divinidad de signo positivo, cuyos más incesantes nos desvanezcan en su desmesurada vastedad. Pero no podemos imaginar un Creador cuya tarea eterna como su esencia, sea el descenso hacia todo lo mínimo. La creación de criaturas lastimadas, cuya compasión lo inclinen hacia esas miserias. Y, sin embargo, así es. Y sólo después de esta caída, hecho un dolor con ellas, Dios se reconoce en su Hijo. Es disciplina de amor exhaustivo lo que Cristo enseña. No hay sendero de angustia que no lleve las huellas de sus pies.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

El joven Zubiri por Julián Marías, maestro de los que saben

[Artículo publicado en la Tercera de ABC el 18 de Febrero de 1998]

"Se cumple un siglo del nacimiento de Xavier Zubiri, mi primer maestro de filosofía, mi amigo de tantos años. Lo conocí en octubre de 1931, en su cátedra de la admirable Facultad de Madrid. Con una sotana pulquérrima, sin haber cumplido treinta y tres años, volvía a ser profesor después de dos años de estudios con Heidegger en Alemania. Hablaba rápida y nerviosamente, sin ahorrar dificultades, con pasión y rigor. Leíamos la Monadología de Leibniz; como yo estudiaba además Ciencias, me decía a veces:«Usted, joven matemático, lo entenderá bien.» Yo tenía diecisiete años. Hicimos pronto excelente amistad, y en ocasiones íbamos a merendar juntos y a ver una película policiaca o de espionaje, o a husmear en librerías de viejo, como dos compañeros –es lo que parecía–. Algún tiempo después, por las frecuentes vejaciones o agresiones, el obispo autorizó a los sacerdotes a usar traje seglar, y Zubiri vistió siempre impecables trajes muy oscuros.

A lo largo de los años he tenido discrepancias filosóficas con Zubiri y algunas decepciones personales, pero mi recuerdo vuelve siempre a aquellos años de juventud, de los que tengo viva nostalgia. Zubiri era un hombre de extraordinario talento, de conocimientos que me atrevo a calificar de excesivos, porque de nada se debe abusar. Era un extraordinario historiador de la filosofía, y mostraba con increíble penetración y hondura el pensamiento cristiano, del que suelen hablar con desprecio los ignorantes deseosos de «hacer méritos». Me aconsejó desde el principio leer la Metafísica de Aristóteles –en la traducción italiana de Armando Carlini, reservando para el curso siguiente el griego y Ortega–.
Seguí con entusiasmo todos sus cursos. En diciembre de 1935 me anunció que no enseñaría desde enero, porque se iba a Roma a resolver su situación eclesiástica y casarse canónicamente con Carmen Castro. Me leyó el manuscrito de su espléndido ensayo «En torno al problema de Dios», que se publicó después en la Revista de Occidente. Desde el año anterior me había pedido colaborar en Cruz y Raya. Por su ausencia, en Roma y desde el comienzo de la guerra civil en París, no estuvo en mi examen de Licenciatura.
Yo tomaba notas de sus cursos; me pedía los cuadernos en que los retenía; nunca me los devolvió. Volvió a España al empezar la Guerra Mundial; por dificultades eclesiásticas, no políticas, no pudo seguir enseñando en Madrid y fue trasladado por dos años a la Universidad de Barcelona; no se sintió cómodo, pidió la excedencia y volvió a Madrid sin cátedra; dio cursos privados, a los cuales asistí siempre, salvo alguna estancia en los Estados Unidos.
En 1944 publicó Zubiri su libro Naturaleza, Historia, Dios –una espléndida colección de ensayos que comenté con entusiasmo, el libro que prefiero entre todos los suyos–. El trabajo final, El ser sobrenatural, me parece un admirable estudio teológico, con asombroso conocimiento de la teología de San Pablo y de los Padres de la Iglesia, sobre todo griegos; al final de su vida le propuse a Zubiri hacer una edición separada, para que pudiera aprovecharse en todo su valor.
Cuando íbamos a casarnos Lolita y yo nos escribió una admirable carta sobre el matrimonio, que le dimos a leer a nuestro hijo mayor cuando al cabo de los años iba a casarse. Zubiri fue director de mi tesis doctoral La filosofía del P. Gratry, pero no asistió al acto en que fue «suspendida» en enero de 1942, en uno de los momentos más increíbles por que pasó la Universidad española.
En el verano de 1955, cuando pasé diez días en el Château de Cérisy en una reunión de filósofos europeos con Heidegger, recordé sus años de convivencia con Zubiri y le propuse mandarle una postal. Me dijo:«Y otra a Ortega.» Escribimos y firmamos las dos postales, y las enviamos a Madrid. Ortega murió unos meses después.
Recuerdo muy bien que un día llegué a la Revista de Occidente; estaban juntos Ortega y Zubiri; me dijeron: «Estábamos hablando de usted y de la suerte que había tenido al no ir a estudiar a Alemania.»
La última larga conversación que tuve con Zubiri fue en el despacho que tenía en lo que era el Banco Urquijo y ahora es Ministerio de Cultura; al final se unió a ella mi hijo mayor, Miguel. Fue particularmente interesante, y tuve la impresión de que había algo de balance y vuelta a aquellos años ya tan remotos.
Me enteré de la muerte de Zubiri de un modo extraño. Volé del Brasil a Costa Rica, en 1983. En el aeropuerto de San José me esperaba el embajador de España, que mencionó de pasada «la muerte de Zubiri»; tuve una sorpresa dolorosa, y se me actualizaron de repente tantos años de nuestras vidas. Muchos años atrás le había dedicado mi introducción a la traducción de la Política de Aristóteles con las palabras que el Dante refiere al filósofo griego: «A Zubiri, "maestro di color che sanno", maestro de los que saben.» Lo era, en grado eminente, quizá, ya lo he dicho, excesivo. Mi esperanza en él era enorme, tal vez distinta de lo que fue su realidad. Hay que recordar la honda fórmula de Dilthey: «La vida es una misteriosa trama de azar, destino y carácter.» De su equilibrio dependen muchas cosas.
Ortega había nacido en 1883; Zubiri en 1898; yo en 1914: tres generaciones, exactamente. En un libro de los que creo que no se deben publicar, compuestos de los papeles privados de autores muertos, encuentro una anotación de Ortega, escrita en Lisboa hace cincuenta y cinco años, que me conmueve profundamente. Dice así: «Mi hijo José que desde hace unos años dirige las ediciones de la "Revista de Occidente" –de quien sólo queda en el aire el nombre– quería publicar la segunda edición de la Historia de la filosofía compuesta por Julián Marías, discípulo de Javier Zubiri y mío. Marías rogó a mi hijo que me pidiese unas páginas de epílogo. Como el libro lleva ya un prólogo de Zubiri nos reuníamos en él tres generaciones de hombres que con continuidad desusada y en estrecha relación personal se han ocupado en el desnudo e implacable mediodía de Madrid, bajo los cierzos de la vecina serranía, de intentar hacer filosofía. Íbamos, pues, a aparecer juntos y confundidos en un solo libro, simbólicamente entreverados y mixtos, –porque, en efecto, el único lío que nos hemos hecho los tres es no saber ya si somos cada cuál de los otros dos discípulos o maestros.»
El libro apareció con el prólogo y un largo epílogo. Yo lo he tenido siempre muy claro. Hace muchos años escribí: «La fidelidad a un maestro, lo que podríamos llamar filiación legítima, no puede ser más que innovación. Por eso, la relación de un pensamiento con el de un maestro podría reducirse a esta fórmula, que es válida para la relación de cualquier filosofía con todo el pasado filosófico: inexplicable sin él, irreductible a él.» "

lunes, 23 de noviembre de 2009

Antonio Gómez Peréira. Siglo XVI

"nosco me aliquid noscere, et quidquid noscit, est, ergo ego sum"; "conozco que yo conozco algo, todo el que conoce existe, luego yo existo"

miércoles, 24 de junio de 2009

Fragmento de la conferencia España; G. Bueno 1998

[El siguiente fragmento reproduce textualmente, con algunos saltos sin pérdida de generalidad, el final de una conferencia pronunciada por Bueno en Asturias con motivo del X aniversario de la asociación de hispanismo filosófico el 14 de Abril del año 1998. El texto parece más que revelador. Para el que quiera escuchar la conferencia completa, está diponible en youtube. aquí]



"...España sigue siendo católica y América también, que una cosa es que el consenso constitucional haya dicho que es una confesión más, los anabaptistas, los testigos de Jehová etc, que tiene algunos privilegios fácticos como hemos visto hace unos días en las procesiones de semana santa, pero lo cierto es que España es católica, sociológicamente católica y América también. Entonces el problema, yo creo que hay que plantearlo de otro modo, el problema es: si España no fuera católica o para los que no lo son, qué significa la presencia del catolicismo una vez purificado de sus elementos que no son religiosos si no que son la religión civil, que decía Barrón, como pueden ser las procesiones de semana santa, es decir, alguien que no es católico ni creyente qué puede recoger, qué puede decir que queda del catolicismo, es decir hasta qué punto debe a ese catolicismo y únicamente a él ciertos valores que son actualmente y que puede compartir con los católicos. Yo por mi parte no puedo hacer aquí ninguna encuesta ni nada de eso, pero por mi parte y deduciendo sencillamente desde la perspectiva que he llevado adelante, me atrevería a decir lo siguiente: que el catolicismo actual español, se define principalmente frente a dos cosas, frente a los protestantes y frente al Islam ¿en qué?, pues por ejemplo, frente a los protestantes, en la crítica al fondo, que a mi me parece que es una idea totalmente católica, la critica al fondo del concepto de conciencia subjetiva, del libre exámen que tantos clérigos postconciliares andan con ella y tantos objetores de conciencia como concepto puramente metafísico, concepto luterano. No hay conciencia subjetiva, esto es un mito. La conciencia es objetiva y unicamente cuando se dan razones es presentable al público. Yo no admito que nadie me diga yo no voy al ejercito porque tengo objeción de conciencia, me está insultando, porque yo fui al ejercito, yo no puedo tolerar esto, que me de razones, no hay objeción de conciencia subjetiva, la objeción de conciencia es de tradición protestante.
Entonces yo creo que la tradición católica obliga realmente a plantear las cosas de otro modo, la tradición católica obliga también a mantener el gusto por la teología y por la filosofía escolástica, el gusto por la teología frente a la teología mistica, el gusto por el razonamiento, el deslindamiento escrupuloso que hizo Suárez, el primer monumento a las disputaciones en donde la filosofía queda totalmente separada de la teología y distingue perfectamente lo que es una cosa y otra como ya lo distinguió Santo Tomás, en donde la teología natural no tiene nada que ver con la teología revelada y en donde la teología es un modo de transformar y de educar a todo el mundo, a todos los creyentes, en un tipo de actitud que es totalmente diferente de ese pietismo nebuloso absurdo que está a dos pasos del nihilismo, está a dos pasos del holocausto sencillamente.
La segunda parte es la lucha contra el Islam ¿y qué hay del catolicismo contra el Islam? Yo aquí subrayaría, en la perspectiva filosófica, subrayaría esto: la defensa de la racionalidad como ligada al cuerpo individual es una idea católica fundamental, es la idea de la resurrección de la carne de la individuación materia signata cuantitate, es decir, no es el alma, es el cuerpo individual, es una doctrina católica, estrictamente católica, anticartesiana completamente y antihansenista en donde la individuación es el alma, no, la individuación es el cuerpo y por consiguiente la razón no viene de un entendimiento agente, universal, viene del entendimiento individual que está ligado a las manos, al cuerpo, la razón es manual, es operatoria. Yo atribuyo a esta doctrina que nosotros mantenemos, la teoría de la razón operatoria, es una doctrina católica realmente, en el fondo es católica y por tanto la oposición del catolicismo al islamismo y al protestantismo la estamos viendo continuamente ahora no solamente en el tercer mundo islámico, porque el tercer mundo es el fanatismo, como sabemos y de hecho al principio, volviendo y anudando con el punto de partida, que la guerra de la reconquista en Asturias fue la lucha contra los politeístas porque la idea cristiana de Dios, Padre, Hijo y Espiritu Santo es una idea pluralista que recoge la idea de la materia del materialismo pluralista frente al monoteísmo fanático de estirpe aristotélica musulmana, fanatismo que estamos viendo estos días en la guerra santa y la lucha contra el protestantismo la estamos viendo literalmente en los imperios depredadores, en el imperio por antonomasia diría el imperio de Estados Unidos, el imperio por antonomasia como llaman en América latina en donde la lucha por ejemplo de los zapatistas es la lucha de los protestantes contra los católicos y no hay que engañarse, es la penetración en Cuba, en Méjico etc de todas las confesiones protestantes que quieren precisamente introducir el inglés precisamente contra España y entonces hay que saber que no hay armonía universal, que estamos en lucha permanente y que ignorar esto es estar en la higuera completamente.
Yo diría que lo que queda realmente del imperio, lo que queda vivo, presente, actuante en nosotros del imperio católico es, no ni siquiera un modo de ser, como diría Ortega, porque no hay modos de ser, hay muchos, si no más bien, para utilizar también la distinción característica española, es un modo de estar, lo que caracteriza o puede caracterizar a los españoles de hoy es un modo de estar, ¿en qué consiste este estar?, yo lo definiría, no en replegarse hacia su historia o hacia su sustancia para tratar de sacar de ella la sabiduría o la razón o la conducta, sino estar viendo continuamente con los ojos abiertos hacia afuera tratando de asimilarlo todo, de digerirlo todo, expelerlo todo etc, es decir de estar controlando absolutamente todo y estar a la espera de que en cualquier momento podamos tener la oportunidad de intervenir en una acción realmente universal."

domingo, 14 de junio de 2009

Las Piedras Negras; Miguel Delibes.

[Reproduzco uno de los capítulos de la novela de Miguel Delibes, Viejas historias de Castilla la Vieja.
Muy bueno el capítulo de este libro de Delibes "La caza de la perdiz roja", quizá el mejor, que por su extensión no he sacado aquí.]

"Próximo a Pimpollada, sin salirse del páramo, según se camina hacia Navalejos, en la misma línea del tendido, se observa en mi pueblo un fenómeno chocante: lo que llamamos de siempre las Piedras Negras. En realidad, no son negras las piedras, pero comparadas con las calizas, albas y deleznables, que, por lo regular, abundan en la comarca, son negras como la pez. A mí siempre me intrigó el fenómeno de que hubiera allí una veta aislada de piedras de granito que, vista en la distancia - que es como hay que mirar las cosas de mi pueblo - parece un extraño lunar. Allí fue donde me subió mi tío Remigio, el cura, el que fue compañero de seminario de don Justo del Espíritu Santo, en Valladolid, la vez que vino por el pueblo a casar a mi prima Emérita con el veterinario de Malpartida. Yo le dije entonces a bocajarro: "Tío, ¿qué es la vocación?" Y él me respondió: "Una llamada". Y yo le dije: "¿Cómo siente uno esa llamada?" Y él me dijo: "Nada de eso; confía en la misericordia de Dios".
Mi tío Remigio era muy nervioso y movía siempre una pierna porque sentía como corrientes y en ocasiones, cuando estaba confesando, tenía que abrir la puerta del confesionario para sacar la pierna y estirarla dos o tres veces. Mi tío Remigio era flaco y anguloso y nada había redondo en su cuerpo fuera de la coronilla y cuando yo le pregunté si se sabía cura desde chico, tardó un rato en contestar y al ´fin me dijo: "Yo oí la voz del señor cazando perdices con reclamo para que lo sepas". Yo me quedé parado, pero, al día siguiente, el tío Remigio me dijo: "Vente conmigo a dar un paseo". Y pian pianito nos llegamos a las Piedras Negras. Él se sentó en una de ellas y yo me quedé de pie, mirándole a la cara fijamente, que era la manera de hacerle hablar. Entonces él, como si prosiguiera una conversación, me dijo: "Yo nunca había cazado perdices con reclamo y una primavera le dije a Patrocinio, el guarda: 'Patro, tengo ganas de cazar perdices con reclamo'. Y él me dijo: 'Aguarda a mayo y salimos con la hembra'. Y yo le dije: '¿La hembra?' Y él me dijo: 'Es el celo, entonces, y los machos acuden a la hembra y se pelean por ella'. Y de que llegó mayo subimos y en un periquete, sobre estas mismas piedras, hizo él un tollo con cuatro jaras y nos encerramos los dos en él, yo con la escopeta, vigilando. Y, a poco, él me dijo: '¿No puedes poner quieta la pierna?' Y yo le dije: 'Son los nervios'. Y él me dijo: 'Aguántalos, si te sienten no entran'. Y la hembra, enjaulada a veinte pasos de la mirilla, hacía a cada paso: 'Co-re-ché, co-re-ché'. Entonces me gustaban mucho las mujeres y a veces me decía: '¿Qué puede hacer uno para librarse de las mujeres ?' Y cuando la hembra ahuecó la voz, Patrocinio me susurró al oído: 'Ojo, ya recibe...¿No puedes poner quieta la pierna?' De frente, a la derecha de mi campo visual apareció un macho majestuoso. Patrocinio me susurró al oído: '¡Tira!' Pero yo apunté y bajé luego la escopeta Y me dijo Patrocinio '¡Tira! ¿A qué demontres aguardas?' Volví a armarme y apunté cuidadosamente a la pechuga del macho de perdiz. '¡Tira! volvió a decirme Patrocinio, pero yo bajé de nuevo la escopeta. 'No puedo; sería como si disparase contra mí mismo'. Él entonces me arrebató el arma de las manos, apuntó y disparó, todo en un segundo.
Yo había cerrado los ojos y cuando los abrí el macho aleteaba impotente a dos pasos de la jaula. Al salir del tollo me dijo Patrocinio de mal humor: 'Esa pierna adelantarías más cortándola'. Pero yo sentí nauseas y pensaba: 'Ya se lo que he de hacer para que las mujeres no me dominen'. Y así es como me hice religioso.
Yo tenía la boca seca y escuchaba embobado y al cabo de un rato le dije a mi tío Remigio: "Pero en la jaula era la hembra la que estaba encerrada, tío".
A mi tío Remigio le brillaban mucho los ojos, dio dos pataditas al aire y me dijo: "¿Qué más da, hijo? Lo importante es poner pared por medio".

lunes, 30 de marzo de 2009

Sobre el aborto; Julián Marías

[Artículo publicado en ABC, posiblemente hace unos quince años. Julián Marías falleció el día 15 de Diciembre del año 2005.]



"La espinosa cuestión del aborto voluntario se puede plantear de maneras muy diversas. Entre los que consideren la inconveniencia o ilicitud del aborto, el planteamiento más frecuente es el religioso. Pero se suele responder que no se puede imponer a una sociedad entera una moral «particular». Hay otro planteamiento que pretende tener validez universal, y es el científico. Las razones biológicas, concretamente genéticas, se consideran demostrables, concluyentes para cualquiera. Pero sus pruebas no son accesibles a la inmensa mayoría de los hombres y mujeres, que las admiten «por fe»; se entiende, por fe en la ciencia. Creo que hace falta un planteamiento elemental, accesible a cualquiera, independiente de conocimientos científicos o teológicos, que pocos poseen, de una cuestión tan importante, que afecta a millones de personas y a la posibilidad de vida de millones de niños que nacerán o dejarán de nacer. Esta visión ha de fundarse en la distinción entre «cosa» y «persona», tal como aparece en el uso de la lengua. Todo el mundo distingue, sin la menor posibilidad de confusión, entre «qué» y «quién», «algo» y «alguien», «nada» y «nadie». Si se oye un gran ruido extraño, me alarmaré y preguntaré: «¿qué pasa?» o ¿qué es eso?». Pero si oigo unos nudillos que llaman a la puerta, nunca preguntaré «¿qué es?», sino «¿quién es?». Se preguntará qué tiene esto que ver con el aborto. Lo que aquí me interesa es ver en qué consiste, cuál es su realidad. El nacimiento de un niño es una radical «innovación de la realidad»: la aparición de una realidad «nueva». Se dirá que se deriva o viene de sus padres. Sí, de sus padres, de sus abuelos y de todos sus antepasados; y también del oxígeno, el nitrógeno, el hidrógeno, el carbono, el calcio, el fósforo y todos los demás elementos que intervienen en la composición de su organismo. El cuerpo, lo psíquico, hasta el carácter viene de ahí y no es rigurosamente nuevo. Diremos que «lo que» el hijo es se deriva de todo eso que he enumerado, es «reductible» a ello. Es una «cosa», ciertamente animada y no inerte, en muchos sentidos «única», pero al fin una cosa. Su destrucción es irreparable, como cuando se rompe una pieza que es ejemplar único. Pero todavía no es esto lo importante. «Lo que» es el hijo puede reducirse a sus padres y al mundo; pero «el hijo» no es «lo que» es. Es «alguien». No un «qué», sino un «quién», a quien se dice «tú», que dirá en su momento «yo». Y es «irreductible a todo y a todos», desde los elementos químicos hasta sus padres, y a Dios mismo, si pensamos en él. Al decir «yo» se enfrenta con todo el universo. Es un «tercero» absolutamente nuevo, que se añade al padre y a la madre. Cuando se dice que el feto es «parte» del cuerpo de la madre se dice una insigne falsedad porque no es parte: está «alojado» en ella, implantado en ella (en ella y no meramente en su cuerpo). Una mujer dirá: «estoy embarazada», nunca «mi cuerpo está embarazado». Es un asunto personal por parte de la madre. Una mujer dice: «voy a a tener un niño»; no dice «tengo un tumor». El niño no nacido aún es una realidad «viniente», que llegará si no lo paramos, si no lo matamos en el camino. Y si se dice que el feto no es un quién porque no tiene una vida personal, habría que decir lo mismo del niño ya nacido durante muchos meses (y del hombre durante el sueño profundo, la anestesia, la arteroesclerosis avanzada, la extrema senilidad, el coma). A veces se usa una expresión de refinada hipocresía para denominar el aborto provocado: se dice que es la «interrupción del embarazo». Los partidarios de la pena de muerte tienen resueltas sus dificultades. La horca o el garrote pueden llamarse «interrupción de la respiración», y con un par de minutos basta. Cuando se provoca el aborto o se ahorca, se mata a alguien. Y es una hipocresía más considerar que hay diferencia según en qué lugar del camino se encuentre el niño que viene, a qué distancia de semanas o meses del nacimiento va a ser sorprendido por la muerte.Con frecuencia se afirma la licitud del aborto cuando se juzga que probablemente el que va a nacer (el que iba a nacer) sería anormal física y psíquicamente. Pero esto implica que el que es anormal «no debe vivir», ya que esa condición no es probable, sino segura. Y habría que extender la misma norma al que llega a ser anormal por accidente, enfermedad o vejez. Y si se tiene esa convicción, hay que mantenerla con todas sus consecuencias; otra cosa es actuar como Hamlet en el drama de Shakespeare, que hiere a Polonio con su espada cuando está oculto detrás de la cortina. Hay quienes no se atreven a herir al niño más que cuando está oculto -se pensaría que protegido- en el seno materno. Y es curioso cómo se prescinde enteramente del padre. Se atribuye la decisión exclusiva a la madre (más adecuado sería hablar de la «hembra embarazada»), sin que el padre tenga nada que decir sobre si se debe matar o no a su hijo. Esto, por supuesto, no se dice, se pasa por alto. Se habla de la «mujer objeto» y ahora se piensa en el «niño tumor», que se puede extirpar como un crecimiento enojoso. Se trata de destruir el carácter personal de lo humano. Por ello se habla del derecho a disponer del propio cuerpo. Pero, aparte de que el niño no es parte del cuerpo de su madre, sino «alguien corporal implantado en la realidad corporal de su madre», ese supuesto derecho no existe. A nadie se le permite la mutilación; los demás, y a última hora el poder público, lo impiden. Y si me quiero tirar desde una ventana, acuden la policía y los bomberos y por la fuerza me lo impiden. El núcleo de la cuestión es la negación del carácter personal del hombre. Por eso se olvida la paternidad y se reduce la maternidad a soportar un crecimiento intruso, que se puede eliminar. Se descarta todo uso del «quién», de los pronombres tú y yo. Tan pronto como aparecen, toda la construcción elevada para justificar el aborto se desploma como una monstruosidad. ¿No se tratará de esto precisamente? ¿No estará en curso un proceso de «despersonalización», es decir, de «deshominización» del hombre y de la mujer, las dos formas irreductibles, mutuamente necesarias, en que se realiza la vida humana? Si las relaciones de maternidad y paternidad quedan abolidas, si la relación entre los padres queda reducida a una mera función biológica sin perduración más allá del acto de generación, sin ninguna significación personal entre las tres personas implicadas, ¿qué queda de humano en todo ello? Y si esto se impone y generaliza, si a finales del siglo XX la Humanidad vive de acuerdo con esos principios, ¿no habrá comprometido, quién sabe hasta cuándo, esa misma condición humana? Por esto me parece que la aceptación social del aborto es, sin excepción, lo más grave que ha acontecido en este siglo que se va acercando a su final."